Un estilo de vida saludable, con una dieta rica en polifenoles, se asocia a una mejor función cognitiva en la fase silenciosa del alzhéimer
FIVIN se hace eco del estudio liderado por las Dras. María José Motilva (ICVV-CSIC) y Patricia Pérez-Matute que demuestra, mediante biomarcadores objetivos en orina, que un patrón de vida saludable (basado en una alimentación rica en polifenoles vegetales y la estimulación cognitiva) se relaciona con un mejor rendimiento cognitivo en la fase preclínica del alzhéimer.
Un estudio publicado en la revista ‘European Journal of Nutrition’, liderado por la doctora María José Motilva, investigadora del Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino (ICVV-CSIC, Universidad de La Rioja y Gobierno de La Rioja) y por la doctora Patricia Pérez Matute de la Universidad de La Rioja en colaboración con el Centro de Investigación Biomédica de La Rioja (CIBIR), aporta nuevas evidencias sobre la relación entre los hábitos de vida saludables y la preservación de la función cognitiva incluso antes de que aparezcan los primeros síntomas de la enfermedad de alzhéimer.
La investigación, realizada con pacientes de la denominada cohorte “Rioja” del Servicio de Neurología del Hospital Universitario San Pedro de Logroño, analizó a 98 personas de entre 55 y 75 años: 50 con diagnóstico reciente de alzhéimer preclínico (la fase silenciosa de la enfermedad, en la que ya existen alteraciones cerebrales sin manifestaciones clínicas) y 48 personas cognitivamente sanas de edades similares.
Un estilo de vida, no un factor aislado
El estudio evaluó en los 98 individuos reclutados el grado de cumplimiento de la Dieta Mediterránea (MEDAS) basado en 14 puntos (uno de ellos incluía el consumo moderado de vino) y la dieta MIND basada en 15 puntos, que en anteriores estudios había demostrado una mayor protección cognitiva y que consta de verduras de hoja verde, otras verduras, frutos secos, bayas, legumbres, cereales integrales, mariscos, aves de corral, aceite de oliva y vino.
Las personas con mejor perfil cognitivo presentaban valores en los test MEDAS y MIND más elevados, es decir, un mayor consumo de alimentos de origen vegetal y frutos secos y menor consumo de alimentos procesados. Además, realizaban con mayor frecuencia actividades de estimulación cognitiva, como la lectura regular. Cabe señalar que, en base al cuestionario de frecuencia de consumo de alimentos (FFQ) realizado, un porcentaje elevado (60%) de los voluntarios control (sin deterioro cognitivo) consumían vino tinto frente a solo el 33,3% del grupo con Alzheimer. Si bien el consumo total de alcohol entre ambos grupos resultó similar, el consumo moderado de vino tinto durante las comidas era más frecuente entre el grupo de control, lo que concuerda con la evidencia de que el consumo moderado de vino dentro de una dieta mediterránea y de un estilo de vida saludable puede aportar beneficios cognitivos y cardiometabólicos a través de mecanismos antioxidantes y antiinflamatorios, efectos que no se observan con un consumo excesivo de alcohol.
La ciencia detrás del vino: biomarcadores en orina
Uno de los aspectos más innovadores del trabajo es su metodología. En lugar de basarse únicamente en cuestionarios sobre los hábitos alimentarios, el equipo utilizó metabolómica dirigida para analizar muestras de orina de 24 horas e identificar biomarcadores objetivos del consumo de polifenoles y otros componentes presentes en la alimentación, incluidos los derivados del vino.
Los resultados mostraron que el mayor consumo de alimentos ricos en polifenoles observado en las personas cognitivamente sanas se asoció con concentraciones urinarias más elevadas de sus metabolitos, especialmente de estilbenos a los que pertenece el resveratrol, compuesto característico del vino tinto. Además, estos estilbenos fueron los que mostraron la asociación más sólida con distintos indicadores de función cognitiva, especialmente con la memoria verbal y las funciones ejecutivas.
Moderación, siempre como parte de los hábitos saludables
El propio estudio subraya que los resultados deben interpretarse siempre en el contexto de un estilo de vida saludable y de un consumo moderado de vino, nunca de forma aislada.
La investigación señala, además, que los efectos observados parecen potenciarse cuando los compuestos fenólicos se consumen formando parte de alimentos completos, como la uva o el vino, y no como suplementos aislados de resveratrol.
“Los beneficios cognitivos parecen ser más pronunciados cuando el resveratrol se consume dentro de matrices alimentarias completas, como los productos derivados de la uva y el vino, lo que sugiere interacciones sinérgicas con otros polifenoles que mejoran su biodisponibilidad o su eficacia biológica”, explica la doctora Motilva.
El doctor Josep Masip, presidente del comité científico de FIVIN explica que “es muy importante complementar los cuestionarios de consumo con la medición de biomarcadores para evaluar el tipo de dieta que sigue la población analizada, como han hecho en este estudio. Por ello los resultados son más consistentes”. Y, destaca que “los hallazgos en su conjunto refuerzan la relevancia de las interacciones entre la dieta, el microbiota y el cerebro como determinantes modificables de la salud cognitiva”.
Desde FIVIN valoramos estos resultados que refuerzan la importancia de seguir impulsando la investigación científica sobre el papel del vino dentro de la Dieta Mediterránea. Estudios como este contribuyen a comprender mejor cómo un estilo de vida saludable, que incluye el consumo moderado de vino durante las comidas, puede asociarse a un envejecimiento cognitivo más saludable y aportar nuevas evidencias en el ámbito de la prevención de las enfermedades neurodegenerativas.
Referencia científica
IÑIGUEZ, M.; MATUTE TOBÍAS, B.; LÓPEZ-ÁLAVA, S.; YUSTE, S.; MANZANO, J.I.; RECIO-FERNÁNDEZ, E.; PÉREZ-MATUTE, P.; MOTILVA, M.J. “Exploring the associations between lifestyle and dietary patterns with preclinical Alzheimer's disease: findings from La Rioja cohort study”. European Journal of Nutrition (2026) 65:156.







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