Caminar el vino: la apuesta de Cerdeña para unir patrimonio minero y enoturismo
Los Senderos del Carignano permiten abrazar el territorio del Sulcis sardo que encontró en el siempre presente vino una segunda vida
El proyecto impulsado por el Cammino Minerario di Santa Barbara une patrimonio minero, viñedos prefiloxéricos, gastronomía, paisajes, playas y turismo lento para convertir al Carignano del Sulcis en embajador de una de las zonas más singulares de Cerdeña.
Hay territorios que se explican mejor caminándolos que observándolos desde la ventanilla de un coche, porque los tocas, los hueles… y los bebes. El suroeste de la isla de Cerdeña es uno de ellos. Allí, entre antiguas explotaciones mineras, pueblos que han sobrevivido a profundas transformaciones económicas, viñedos que escaparon a la filoxera y un mar que aparece constantemente en el horizonte, nacen los “Sentieri del Carignano” (los senderos del Carignano), una propuesta que integra cultura vitivinícola y turismo lento dentro del más amplio Cammino Minerario di Santa Barbara.
Durante cuatro días, del 7 al 10 de mayo, un grupo de periodistas internacionales recorrimos parte de este proyecto impulsado por la Fondazione Cammino Minerario di Santa Barbara. La organización corrió a cargo de la fundación y de la agencia de comunicación especializada Gheusis, representada durante todo el viaje por Silvia Baratta y Alice Iacono, que coordinaron una logística compleja en la que senderismo, patrimonio histórico, gastronomía y vino debían convivir de forma natural, dada la diversidad de perfiles de los periodistas que participamos.
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Más que una ruta enoturística, Sentieri del Carignano plantea una reflexión sobre el futuro de un territorio que ha encontrado en el vino y en el turismo sostenible una oportunidad de desarrollo tras el declive de la actividad minera.
El hilo conductor es el Carignano del Sulcis, una variedad (la Cariñena) que encontró refugio en los suelos arenosos de la zona. Allí la filoxera nunca pudo prosperar y todavía sobreviven numerosos viñedos en pie franco, una rareza excepcional en la viticultura europea. El viento constante, la proximidad del mar y unos terrenos pobres y muy drenantes han terminado definiendo una identidad vitícola única.
Entre necrópolis, minas y viñedos
La experiencia comenzó en Villaperuccio con la visita a la necrópolis de Montessu, uno de los grandes testimonios arqueológicos de la isla. Desde el primer momento quedó clara una de las claves del proyecto: el vino aparece como elemento vertebrador, pero siempre integrado dentro de una narrativa territorial mucho más amplia.
Esa misma tarde, la histórica Cantina Santadi sirvió para profundizar en el papel del Carignano dentro de la economía local. Fundada en 1960, la cooperativa trabaja actualmente unas 600 hectáreas de viñedo y constituye uno de los grandes referentes de la denominación Carignano del Sulcis D.O.C.
La degustación permitió recorrer distintas interpretaciones de la variedad, partiendo con el rosado Froris 2024 (jovial, fresco, con aromas de frutos rojos acidulces y fruta de hueso salina). Grotta Rossa 2024 mostró el perfil más directo y accesible del Carignano. Más serio, Rocca Rubia Riserva 2022 destacó por sus notas de frutas rojas maduras, especias dulces, matices balsámicos y vainilla, acompañado de una boca plena, cálida y envolvente, sostenida por taninos elegantes y una notable persistencia. El recorrido culminó con Terre Brune Superiore 2021, probablemente una de las referencias icónicas de la isla, elaborado en buena parte con viñedos viejos en pie franco plantados sobre arenas costeras. Su complejidad aromática, donde conviven ciruela, arándano, especias dulces, laurel, enebro, tabaco y chocolate, se corresponde con una boca rica, profunda y de enorme capacidad de guarda.
La primera jornada concluyó en Sant’Antioco, que sería nuestra base de operaciones a lo largo del viaje (parte de nosotros nos alojamos en el Hotel Moderno). Esa noche conocí a una de las grandes protagonistas del viaje: Simona Pau, representante del Cammino Minerario di Santa Barbara y una de las personas que mejor transmite el vínculo emocional existente entre el territorio y el proyecto. Su entusiasmo acompañó buena parte del recorrido y simboliza el fuerte componente humano que existe detrás de esta iniciativa.
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La cena de bienvenida en Raíces Tapas (un restaurante con nombre español, pero con alma curiosa y viajera, como sus propietarios: Mattia Pusceddu y Simona Baila) permitió comprobar hasta qué punto el Carignano del Sulcis está viviendo una etapa de reinterpretación.
El primer vino fue Elat 2025, un blanc de noirs elaborado por Sardus Pater a partir de Carignano. Nacido como un experimento y ya en su octava cosecha, mostró una intensidad aromática media-alta, dominada por fruta de pulpa amarilla, abundante polen y una marcada sensación de lías. La buena acidez actuó como auténtica columna vertebral del conjunto, acompañada por un final floral, especiado y ligeramente vegetal.
Le siguió Fermentu Rosé 2024, un pét-nat de Sant'André que reivindica sin complejos el color y la personalidad del rosado mediterráneo. Fresa, manzana Fuji, sandía, hierba cortada, pimienta verde y un ligero recuerdo yodado configuraron un perfil fresco y honesto.
Especialmente interesante resultó Nero Miniera Rosé 2025, de Enrico Esu. Procedente de viñas viejas en vaso y pie franco, exhibió aromas de caramelo de cereza, piel de manzana ligeramente oxidada, orégano, pétalos y delicados recuerdos marinos. En boca apareció amplio, especiado y estructurado, demostrando que el Carignano también puede dotar de profundidad a los rosados.
La velada alcanzó uno de sus momentos más brillantes con Bellesa 2022, de Piede Franco. Profundo y complejo, combinó fruta negra silvestre madura, mineralidad, cereza en compota, pimienta, clavo y flores rojas y azules. Su boca cremosa, larga y sorprendentemente floral confirmó el potencial de los grandes Carignano de guarda. Un gran trabajo de Roberto Matzeu.
Caminar entre viñas para entender el paisaje
La segunda jornada comenzó con una caminata entre Candiani y Cantina Mesa. Fue posiblemente el momento en el que mejor se entendió la esencia de los Senderos del Carignano.
No se trata únicamente de visitar bodegas. El objetivo es conectar físicamente los viñedos, el paisaje y las comunidades locales. Y nosotros tuvimos la fortuna de recorrer los poco más de 5 kilómetros guiados por Nicola Calvia, un sardo apasionado que nos contagió del amor por su tierra desde el minuto uno. Mientras avanzábamos por los senderos, el capturador de momentos Davide Marica documentaba cada detalle de una geografía donde la vid comparte protagonismo con antiguas infraestructuras mineras, matorral mediterráneo y continuas vistas al mar.
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En Cantina Mesa, actualmente integrada en el grupo Santa Margherita, se insistió en una idea recurrente durante todo el viaje: la recuperación del patrimonio minero en conjunción con su riqueza enológica puede convertirse en una oportunidad de crecimiento económico sostenible para la zona.
Los vinos confirmaron el elevado nivel de la bodega. Buio 2024 destacó por su fruta silvestre madura, monte mediterráneo, enebro y especias. Buio Buio Riserva 2023 profundizó en registros florales y especiados, mientras que Gavino Superiore 2021 mostró una dimensión claramente superior gracias a su complejidad aromática, donde aparecieron regaliz, eucalipto seco, tabaco, pimienta negra y un fondo mineral de gran profundidad.
La comparación con Gavino Superiore 2016 resultó especialmente reveladora. Lejos de mostrar signos de agotamiento, el vino exhibía todavía una extraordinaria energía, sustentada por una acidez vibrante y una evolución aromática donde convivían frutas confitadas, ralladura de naranja, pétalos secos, garriga mediterránea, yodo, salitre y delicados recuerdos de cuero.
El recorrido por los vinos de Mesa concluyó con Forte Rosso 2023, un Carignano pasificado que evidenció la extraordinaria capacidad de adaptación de la variedad, capaz de expresarse con igual personalidad tanto en versiones secas y estructuradas como en interpretaciones dulces de gran equilibrio. Sus notas de fruta asada, pasas, cacao y flores dulces dieron paso a una boca densa pero equilibrada, con recuerdos de almíbar cítrico y un largo final marcado por un elegante tanino dulce.
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Tratalias, el pueblo que se negó a desaparecer
La tarde nos condujo hasta Tratalias, probablemente una de las visitas más sorprendentes del recorrido. La construcción del embalse de Monte Pranu durante el siglo XX provocó graves problemas de filtraciones y estabilidad que llevaron al progresivo abandono del núcleo histórico. Buena parte de las edificaciones fueron demolidas y la población fue trasladada a una nueva localidad cercana (la Nueva Tratalias).
Sin embargo, el antiguo casco medieval sobrevivió parcialmente y hoy constituye uno de los ejemplos más interesantes de recuperación patrimonial de la isla. Pasear por sus calles vacías ayuda a comprender cómo la memoria se ha convertido en uno de los ejes fundamentales del relato construido por el Cammino Minerario di Santa Barbara.
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Durante la cena en Su Meurreddu, los vinos de las bodegas Esu, Giba y Andaras reforzaron la diversidad estilística existente dentro de la denominación. Del primero, su Nero Miniera 2023 se mostró acogedoramente cálido, especiado y con un tanino muy dulce.
Resultó notable Seimura 2022, el Carignano del Sulcis Riserva de Cantina Giba. Un tinto de perfil elegante y maduro (con mano española en su elaboración), donde la cereza muy sazonada, las hierbas mediterráneas, las especias y los sutiles recuerdos de cacao y cedro conformaron un conjunto complejo y armonioso. En boca mostró una estructura equilibrada, con fruta asada, taninos dulces y un prometedor potencial de evolución.
También destacó Andaras Riserva 2021, elaborado en una producción muy limitada, nos regaló notas de tabaco fino, fruta roja y negra en sazón, especias dulces, mineralidad yodada y taninos todavía firmes pero nobles.
Donde la filoxera nunca llegó
La mañana siguiente nos llevó hasta los arenales de Calasetta y los viñedos de las bodegas Pie de Franco y La Sabbiosa.
Pocas imágenes explican mejor la singularidad del Sulcis que esas cepas centenarias creciendo directamente sobre la arena, sin portainjertos y a escasos metros del mar.
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En La Sabbiosa, los vinos mostraron con claridad la influencia de este entorno extremo. Desde el 8 Rosé 2025 hasta el Superiore 2019, todos compartían una marcada identidad mediterránea donde fruta, salinidad, especias y textura parecían avanzar en la misma dirección.
Más allá de las características organolépticas, la visita sirvió para entender que la conservación de estos viñedos constituye un auténtico patrimonio agrícola europeo.
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El encuentro definitivo entre el Carignano y atún rojo
La última gran experiencia gastronómica tuvo lugar en Carloforte, en la hermosa isla de San Pietro, que nos dejó una promesa de volver, tras el paseo guiado por una apasionada Natalia Lapicca. Que concluyó en la almadraba local, donde conducidos por la periodista Giulia Salis, de Gambero Rosso, y con la participación de los responsables de la histórica tonnara local y del chef Andrea y Cristiano Rosso (Al Cavallera), se desarrolló una completa degustación dedicada al atún rojo. La armonía entre Carignano y atún fue una de las grandes revelaciones del viaje.
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Destè Rosato 2025, de Cantina de Calasseta, encontró un excelente compañero en el carpaccio y el tartar de atún. Russu 2022, de Cantina U Tabarka, mostró suficiente estructura para acompañar elaboraciones más intensas. El espumoso Anath Rosé Brut (I.G.T. Isola dei Nuraghi) aportó frescura y versatilidad.
Sin embargo, el momento culminante llegó con nuestro reencuentro con Andaras Riserva 2021 junto a la ventresca a la parrilla y el tataki de atún. La grasa y textura de la pieza encontraron en el tanino del vino un contrapunto perfecto. Las notas ahumadas de la parrilla y los matices especiados del Carignano construyeron probablemente el mejor maridaje de todo el recorrido.
La degustación concluyó con un Carignano del Sulcis Superiore 2022 de Cantina di Calasetta servido en formato mágnum, una interpretación clásica de la variedad donde convivían fruta roja licorosa, vainilla, garriga, humos blancos y un tanino amable.
El vino como herramienta de regeneración
La visita final a la Gran Mina de Serbariu permitió cerrar el círculo. Allí se entiende que el proyecto no gira únicamente alrededor del vino. El verdadero objetivo consiste en transformar un territorio marcado por el cierre de las explotaciones mineras en un destino capaz de generar actividad económica sostenible a partir de su identidad. El Cammino Minerario di Santa Barbara, que supera los 500 kilómetros de recorrido, se ha convertido en uno de los principales ejemplos europeos de regeneración territorial basada en el turismo lento. El reconocimiento internacional recibido recientemente, incluido el Global Choice Award de Komoot, confirma la creciente visibilidad del proyecto.
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Los Senderos del Carignano representan la extensión natural de esa estrategia. Integran paisaje, patrimonio, gastronomía, viticultura y comunidad local dentro de una propuesta coherente que permite descubrir el Sulcis a través de su vino más emblemático. En un momento en que muchos destinos buscan diferenciarse mediante experiencias auténticas, el suroeste de Cerdeña parece haber encontrado una fórmula singular: caminar entre viñas prefiloxéricas, atravesar la memoria minera de la isla y comprender que, en ocasiones, el mejor vino no es únicamente el que se bebe, sino el que ayuda a explicar un territorio.
Tal y como sostiene Mauro Usai, presidente de la Fondazione Cammino Minerario di Santa Barbara: “La identidad del pueblo minero del Sulcis vive hoy en sus paisajes, en su patrimonio industrial y también en los vinos que nacen de esta tierra. Los Senderos del Carignano nos permiten transformar esa herencia en una oportunidad de desarrollo sostenible y de apertura al mundo”.
El principal reto de los Senderos del Carignano será mantener el equilibrio entre crecimiento turístico y preservación de los valores que hoy constituyen su principal atractivo. La conservación de los viñedos en pie franco, la implicación de las comunidades locales y la protección del patrimonio minero serán elementos decisivos para consolidar un modelo que aspira a convertir el turismo lento en una verdadera herramienta de desarrollo para el Sulcis.
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