El paisaje se impone a la Monastrell en los nuevos vinos de Enrique Mendoza
La reciente presentación en MiCub (Mercado de Colón, Valencia) de los nuevos vinos de paraje de Bodegas Enrique Mendoza confirmó un cambio de enfoque, donde el paisaje se impone progresivamente al varietal. Ladecan y Oraval, ambos elaborados 100% con Monastrell, nacen en un contexto de sequía extrema que, según trasladó su responsable, Julián Mendoza, ha obligado a repensar desde la base la viticultura.
“Vinos de pensamiento”, los definió Mendoza, en un momento de madurez de la bodega, marcado por la necesidad de comprender mejor el paisaje. La reflexión no es retórica. Factores como la orientación (vital en una región como Alicante), o decisiones como la longitud del sarmiento, buscando un mayor desarrollo foliar para optimizar el motor fotosintético y madurar taninos, pasan a ocupar un lugar central. A juicio de Mendoza, el varietal (Monastrell), aun siendo un ancla, “aporta material genético y poco más” frente a estos condicionantes.
![[Img #17222]](https://sevi.net/upload/images/04_2026/5301_c27279-julian-mendoza-en-un-momento-de-la-cata.jpg)
Ladecan 2024 procede de viñedos en vaso de secano situados en la vertiente norte de la Sierra de Castellar, en un entorno con presencia de un yacimiento agrofenicio de los siglos VII y VI a.C. Diversos bloques de arena configuran la parcela. La elaboración es coherente con esa búsqueda de frescura iniciada en 2021, con el paso a ecológico de toda la bodega: vendimia manual, enfriamiento de la uva durante 24 horas, despalillado y fermentación con grano entero, pero sin raspón, remontados limitados a cuatro días y finalización en inoxidable tras el prensado, con uso de barrica de 500 litros para minimizar el aporte. En cata, Ladecan 2024 se muestra sin obsesión por la extracción. Elegante. Monte mediterráneo de secano, fruto silvestre desecado. Goji. Pétalo rojo. Profundidad mineral roja y arenosa. Alcohol perfumado. Pimienta y tostados muy sutiles. Directo, fresco, con acidez y recuerdo verde. Tanino sorprendentemente frutal y dulce. Cereza. Con curiosidad por su evolución.
Para su diálogo, MiCub y José Manuel Manglano proponen un queso Comté de 22 meses. En la armonía el vino gana precisión, refuerza su mineralidad y limpia los matices verdes.
Oraval 2024 se sitúa en las laderas de la antigua laguna de Villena, desecada en 1803 por la Acequia del Rey Carlos IV, sobre suelos yesíferos con afloramientos de yeso cretácico. Aquí el vino adquiere mayor volumen sin renunciar a la elegancia. Más carnoso. Fruto rojo maduro pero vivo todavía. Ciruela. Pétalo blando rojo. Recuerdo láctico ligero. Caramelo de mora. Clavo ligero y pimienta. Más presencia en boca, untuoso, con grado bien trabajado. Tanino dulce. Con más acidez de la que muestra y gran potencial. Equilibrado. Recuerdo floral.
Su pareja de “baile” una fantástica longaniza de Pascua (de Cárnicas Rodrigo) reforzó su perfil especiado por paralelismo.
El jamón ibérico de cebo de campo “Aura Ibérica” lidió a la perfección con ambos tintos de paraje.
La cata se completó con el Chardonnay fermentado en barrica de 500 litros, procedente de una parcela injertada, y su rosado de estilo provenzal, confirmando un viraje claro hacia la frescura. Como sintetizó Mendoza: “Nuestro reto es hacer los vinos de manera que podáis reconocer nuestro sol, nuestra luz, nuestro carácter mediterráneo y nuestra humanidad”.
![[Img #17224]](https://sevi.net/upload/images/04_2026/1475_c27279-un-momento-de-la-cata.jpg)








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