Parrel y Gonfaus, variedades recuperadas que abren caminos para el vino aragonés
La familia Langa convierte cepas olvidadas en vinos únicos del Valle del Frasno
En un momento en el que la viticultura busca respuestas frente al calentamiento global (más sequía, más extremos térmicos y mayor incertidumbre…), la familia Langa ha encontrado una brújula inesperada: el pasado. En el Valle del Frasno, en el Sistema Ibérico zaragozano, han convertido la recuperación de variedades casi olvidadas en una estrategia de futuro y, a la vez, en una declaración de intenciones.
De esta decisión surgen dos nombres: Parrel y Almolda, también conocida como Gonfaus.
Parrel no es una “variedad curiosa” más. La literatura técnica la define como minoritaria y exclusiva de Aragón, con rasgos agronómicos y enológicos propios que justifican su estudio en profundidad. En Valovitis (Zaragoza, 2018) se destacó su procedencia vinculada al valle del Ebro (con accesiones de Ainzón, Aniñón, Leciñena o Daroca) y su potencial de adaptación a condiciones semiáridas y de elevada oscilación térmica. Jordan de Asso ya la citaba en 1790 como “Perrel”. Estudios genéticos recientes revelan que es pariente de la Monastrell y, de hecho, su progenitor.
Almolda (Gonfaus), por su parte, se ha convertido en un ejemplo de resiliencia climática. Su recuperación ha sido impulsada en la viticultura mediterránea contemporánea y su comportamiento en climas extremos ha despertado interés. Investigaciones en el Banco de Germoplasma de Aragón identifican incluso un ecotipo aragonés procedente de La Almolda (Zaragoza), demostrando que el patrimonio genético estaba más cerca de lo que se pensaba. Recordemos en la década pasada Familia Torres lideró la recuperación de Gonfaus en Cataluña, estudiando sus características agronómicas y elaborando los primeros vinos con esta uva, incorporándola en ensamblajes como en añadas recientes de Purgatori (D.O.P. Costers del Segre) y también como varietales, con el vino Gonfaus.
![[Img #16762]](https://sevi.net/upload/images/01_2026/1257_w-c27068-gw_001.jpg)
El trabajo institucional aragonés ha permitido que variedades antiguas pasen del registro y la microvinificación experimental al viñedo productivo. La transferencia de material desde el Banco de Germoplasma a viveros, incluyendo Parrel y Gonfaus, ha facilitado su implantación en bodegas, como la de la familia Langa. Su materialización en vino también tiene nombre propio: Güevo Wine. Es el primer vino aragonés que permite probar estas variedades. Según la familia Langa, nace de “un viñedo único” y de “variedades únicas”, con la promesa de que nadie antes había elaborado un vino con estas uvas.
Un segundo elemento que amplifica el hito: la implantación en el territorio. En Aragón, la llegada de material de Parrel y Gonfaus a vivero y su transferencia a bodegas marca el inicio de una nueva etapa de plantación y validación en condiciones reales. En el caso de la familia Langa, esa apuesta cristaliza en el Valle del Frasno, donde distintas piezas (viñedo ecológico, variedades recuperadas y una elaboración fuera de catálogo) se ordenan bajo una misma firma.








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