Imagen generada por La Semana Vitivinícola con IA. Visión en perspectiva del sistema circulatorio del mundo
El presente escrito, está desarrollado desde el ofició de la investigación, en la edad de la indiferencia respecto de las cosas y los hechos, como describe el poeta Joan Margarit (Epilogo del libro ‘Des d’on tornar a estimar’ –‘Desde dónde volver a querer’-. 2015. Editorial Proa. Barcelona), que no es pasotismo, ni menoscabo, es simplemente aprovechar el propio tiempo en lo que realmente pueda resultar útil para los demás y/o para uno mismo.
Los tiempos de la competitividad, de los viajes, de las búsquedas de datos y explicaciones, de presentación de proyectos, de establecimiento de relaciones científicas o estratégicas, de presentación de resultados y por ende de aceptación de críticas y beneplácitos, de reescrituras de artículos para mejorar su contenido, o simplemente para que este sea publicado, haciendo muchos esfuerzos con una letra muda, resultan curiosos.
Siempre ha atraído a la humanidad el conocimiento del funcionalismo de todo, y muy especialmente de la naturaleza, primero desde una visión esotérica, mágica, religiosa, y en menor medida en paralelo, para potenciarse después, desde la visión racionalista, científica.
Esta polarización aún existe. Los motivos escapan a la intención de este escrito, pero deben tenerse en cuenta, porque para avanzar en el conocimiento no sólo debe estudiarse, plantearse, equivocarse y volver a empezar, sino también debe desarrollarse con la rémora del negacionismo, el oscurantismo y la ignorancia.
Estamos en un momento de grandes logros científicos, acompañados de un increíble crecimiento tecnológico, que permite investigar a niveles moleculares, atómicos…, en la propia esencia del material genético para entender mecanismos, a veces ni tan sólo intuidos.
También la tecnología ha permitido una cada vez mayor y mejor evaluación de las respuestas de los vegetales al medio, en el lugar, instantáneamente.
Los datos, las grandes bases de datos, permiten modelizaciones de procesos cada vez más complejos y alejados de la cotidianeidad.
Todo ello, ha llevado a una gran confianza, quizás superior a lo que los estudios y resultados realmente permiten valorar. En este punto es bueno recordar la frase que nos repitieron en muchas ocasiones en la facultad/escuela: “Los resultados nunca mejoran el muestreo, que este, sin unos objetivos claros y concretos, es imposible de diseñar”.
Es cierto. Se conoce muchísimo de muy poco y poquísimo del global. Hay grandes especialistas, pero se echan en falta grandes “globalistas”, en una estructura funcional, similar a la que se desarrolla en los centros hospitalarios, eminentes especialistas, supervisados por internistas, no sea que la suma de los tratamientos, mate al paciente.
La tecnología es eficiente, concreta, rápida, barata, interconectable…, pero en muchas ocasiones sólo está diseñada para la investigación y el salto al sector productivo no acaba de cuajar. Atribuyéndose desde el sector tecnológico a la falta de capacitación de los miembros del sector agroforestal, y desde este a la falta de observación y comprensión de la realidad del sector, con sus limitaciones de manos y pies para atender a la tecnología, que, a su vez, en muchos casos, trata de responder a cuestiones planteadas desde la empresa tecnológica, en vez de hacerlo de acuerdo con las cuitas de las empresas agroforestales.
Los datos valen oro, por sí mismos y por lo difícil de obtenerlos. Estos son los puntos de anclaje de las hipótesis que, bien moldeadas, pueden permitir modelizaciones de procesos, espacios y tiempos no directamente medidos, pero que probabilísticamente son muy lógicos y por tanto permiten entender procesos y plantear soluciones.
Debe decirse, que no es sencillo obtener datos reales, no trabajados y a veces manipulados. No lo es porque no ha habido pedagogía de cómo guardarlos, poco compromiso en hacerlo, y muchas reticencias en mostrarlos, por un extraño, digámosle, pudor.
La inteligencia artificial, nos dicen (los que siempre nos explican cuáles son nuestros problemas y como resolverlos), nos salvará de todo, ya que permitirá un gran salto hacia situaciones desconocidas. Algo así como si nos mostrase inmediatamente los cisnes negros, que sabemos que existen, pero no dónde y, sobre todo, cómo funcionan, cómo interactúan con el mundo.
Hay increíblemente buenos profesionales de la ciencia y de la técnica, pero si no deciden empáticamente trabajar en equipo, es decir en estructuras transversales de especialistas, los pasos para avanzar en la propuesta de soluciones serán cortos, vacilantes y con retrocesos.
En este punto es donde es clave reencontrar, volver a poner en valor la ecofisiología, y en ella la herramienta de las relaciones hídricas.
La energía y el agua, ahora tan de moda con el concepto WEFE (agua/energía/alimentos/ecosistemas) están íntimamente ligadas en todos los ecosistemas y sus componentes. Ya que la radiación total es básica para el desarrollo de la evapotranspiración, que, a su vez, es un componente importante en el flujo de agua y de energía de una comunidad vegetal, natural o plantada.
Es el sistema circulatorio del mundo, de la vida, la energía actúa como corazón y el flujo de agua conecta todas las partes con energía, nutrientes, señales…
La radiación total es el equilibrio entre la radiación entrante y saliente de onda corta y larga. Los ecosistemas afectan a la radiación total a través de albedo (reflexión de onda corta), que depende de la reflexión de hojas individuales y de otras superficies junto con la rugosidad del vuelo, la cual está afectada por su altura y complejidad.
Gran parte de la energía absorbida es liberada a la atmósfera como flujo de calor latente (evapotranspiración) y como flujo de calor sensible. El primero enfría la superficie y transfiere vapor de agua a la atmósfera, mientras que el segundo calienta el aire de superficie. El coeficiente de Bowen, el cociente entre el flujo de calor sensible y el latente, determina la relación entre el ciclo del agua y el de la energía.
El agua penetra en el ecosistema terrestre, principalmente, a través de la precipitación, excepto en los regadíos, que en España sólo ocupan el 35% de la superficie agrícola, que equivale al 35% de la total, y lo abandona por evapotranspiración, escorrentía e infiltración.
El agua circula por los ecosistemas como respuesta a los gradientes de potencial de agua, que vienen determinados por el potencial de presión, el potencial osmótico, el potencial gravitacional y el potencial matricial. El agua disponible en el suelo se desplaza hacia la atmósfera a través de la planta por el continuo hídrico suelo-planta-atmósfera, el cual está generado por el gradiente de potencial hídrico. Este flujo se produce tanto en la fase, líquida como en la de vapor y viene condicionado por fenómenos internos, propios de la planta, de la comunidad (especie, edad, estado fisiológico, patologías) y externos, los denominados estreses ambientales, tanto bióticos (patologías, herbivoría, competencia intra/interespecífica) como abióticos (altas y bajas temperaturas, sequía, salinidad, radiación, contaminación, incendios forestales, inundaciones y riadas...).
El cambio climático de origen antrópico es un hecho contrastado científicamente. Inicialmente no existía un consenso científico y especialmente social en atribuir a la humanidad la causa de este cambio y se buscaba su causa en los ciclos naturales o en la variabilidad temporal inherente al clima. Y más en un clima como el mediterráneo, que se caracteriza por una gran variabilidad termo pluviométrica espacial y temporal, y por la existencia de un doble estrés: la sequía, la elevada temperatura y el alto nivel de radiación en verano, y la baja temperatura en invierno. Al mismo tiempo, el cambio climático no era totalmente asumido, porque a menudo la percepción del riesgo no es siempre bien aceptada.
Con los informes generales del IPCC que se inician en 1990 y culminan con el Sexto, de 2021-23, así como otros informes del cambio climático para las Comunidades Autónomas, como los realizados en Cataluña o País Vasco, se ha alcanzado un nivel de regionalización, de detalle, que muestra objetivamente la evolución del clima desde los años 50 del siglo pasado hasta la actualidad, así como su proyección hasta a finales del siglo XXI.
En los últimos años, para acercar las soluciones a la realidad, y además tratar de hacerlo en red con países e instituciones cercanas geográfica, ambiental y socialmente hablando, se constituye la red MedECC (Mediterranean Experts on Climate and Environmental Change, https://www.medecc.org/first-mediterranean-assessment-report-mar1/), en respuesta a que la región mediterránea se ve especialmente afectada por el calentamiento global y otros cambios ambientales, así como por la sobreexplotación de recursos y por la contaminación del aire y el agua.
El sector agroforestal en la región mediterránea se ha consolidado a nivel mundial por su calidad en el manejo y en el producto final, lo que se ha conseguido por métodos agronómicos basados en el conocimiento ecofisiológico y genético de las variedades y patrones cultivados. Aun así, el crecimiento, el rendimiento y la calidad del producto final cultivable y vendible dependen en gran medida del clima, el cual es diferente desde que a finales del pasado siglo empezó a cambiar.
Las proyecciones de cambio climático en el ámbito mediterráneo reportan variabilidad y reducciones en la cantidad de agua total disponible para este siglo, con diferencias regionales, y, si además se tiene en cuenta el cambio global, que incluye entre otros, los usos del suelo, el coste de la energía, el incremento de población fija y móvil, las necesidades de la industria o el mantenimiento de la biodiversidad, hay que considerar una previsible mayor competencia real por el agua, que será necesario ponderar según necesidades como muestran los resultados de diversos proyectos de investigación a escala europea y regional.
El cambio climático continuará incrementando la temperatura a nivel global, pero el reto para la agricultura será determinar qué características e impactos tendrá este aumento a nivel local (ritmo, estacionalidad, dicotomía entre incremento de la temperatura diurna y nocturna o la frecuencia e intensidad de fenómenos térmicos extremos).
Así, pequeños cambios de temperatura y de evaporación pueden tener una gran influencia a nivel del equilibrio de carbono como fuente y sumidero, del crecimiento vegetal (morfológicos y metabólicos), de las variaciones en la fenología de las especies y, por tanto, en sus relaciones, ya sean de depredación, competencia, simbiosis o patogenicidad. En las escalas más locales, en la de la Denominación de Origen Protegida, la del terruño, la de la finca, es donde el cambio climático tendrá grados de incidencia contrastados. En este ámbito, el establecimiento de indicadores holísticos a nivel de cada parcela, de cada explotación, en el contexto de su realidad geográfica, es fundamental para adaptar nuestra agricultura de bajo impacto ambiental al cambio climático.
Al fenómeno del cambio climático, cabe añadir que, para la agricultura y la ganadería, acompañante o relacionada en el espacio y tiempo, existe un elevado grado de incertidumbre en sus perspectivas futuras derivadas, entre otras, de:
• El avance imparable de la globalización. Así, la mejora de las comunicaciones convencionales, pero sobre todo el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, llevan a una sociedad global. Esto genera reducción de las fronteras comerciales, intensifica los procesos de normalización y adaptación de las estrategias de las empresas con una perspectiva más amplia del entorno competitivo y de la localización de muchos servicios.
• La interconexión del vector energético con el vector de alimentación. Como la agricultura desempeña un papel relevante en la producción de energía, la integración de las tendencias de precios es casi absoluta. Como consecuencia, la presión de la demanda sobre la oferta agrícola aumenta y los mercados volátiles de alimentos se convierten especialmente en atractivos para la especulación. A su vez, cada vez es más claro y aceptado el binomio agua/energía, tanto en lo que se refiere al riego, como a la mayoría de los procesos agroindustriales de transformación y elaboración de alimentos.
• Para el mercado de productos general, el desarrollo de los países emergentes, aparte de una satisfacción moral, posibilita el incremento de las ventas, generando nuevas demandas en cantidad y calidad alimentaria, pero aparece como consecuencia una mayor presión hacia los recursos naturales.
• La situación de creciente demanda de productos agrícolas promueve la necesidad de una mayor intensificación de la producción con el objetivo de obtener más productividad por unidad de superficie y de aportación externa, junto con una clara y decidida política de conservación medioambiental, lo que genera un gran reto para la agricultura del siglo XXI, ya que las prácticas utilizadas hasta el momento tienen claros límites, tanto en sus ingresos (utilización de recursos no renovables), como en los resultados (saturación de la producción e incrementos de producto almacenado y de residuos).
Es necesario realizar investigación básica, desarrollo regional y asesoramiento y formación local en los siguientes aspectos:
• El suelo ha sido y es un gran activo, demasiado olvidado, que ahora quiere reivindicarse con la agricultura regenerativa. Se trata de un concepto moderno, aunque con antecedentes muy antiguos, y como dice Bernardo Royo, profesor emérito de la UPN, las palabras nobles como agricultura, no requieren de adjetivos, ya son buenas y validas por todo lo que engloban.
Es un tipo de agricultura basado en prácticas agrícolas que preservan las propiedades orgánico-minerales del suelo y aumentan su fertilidad. Esto los hace más resiliente al cambio climático, aumentando la fijación de carbono en el suelo, regulando en alguna medida la parte superficial del ciclo del agua, mejorando la biodiversidad, etc. La agricultura regenerativa es la antítesis de la agricultura que esquilma el suelo. La agricultura regenerativa acoge prácticas tales como: evitar la labranza, por lo que la siembra se realiza sobre los rastrojos de la cosecha precedente; evitar los abonados y productos fitosanitarios químicos agresivos; introducir animales en simbiosis con los cultivos, que abonan y pueden evitar plagas; evitar dejar los suelos agrícolas desnudos con la rotación de cultivos y pastos, lo que reduce la erosión, etc. Ya existen buenos ejemplos de agricultura regenerativa en el caso de España y ha de tener en el futuro una gran importancia, en especial en el área mediterránea. La iniciativa 4x1000 pretende, precisamente, incrementar el contenido de carbono en los suelos forestales y agrícolas, que potencia aspectos relacionados con la incorporación de materia orgánica y, por tanto, la fijación de carbono, la retención de agua, y el incremento y la optimización funcional del microbiota y sus efectos en el control de enfermedades y emisiones de gases de efecto invernadero. En la aplicación de técnicas y sistemas para aportar materia orgánica al suelo deben tenerse en cuenta conceptos clave como las huellas de carbono y hídrica.
• Tecnificar la agricultura y la ganadería, así como disponer siempre de un apoyo científico y técnico a la hora de la toma de decisiones. Hay bastante trabajo realizado en regadío, como el riego por goteo o las técnicas hidropónicas, pero muy poco en secano, que supone el 65% de la superficie agrícola.
• Ofrecer información objetiva del material vegetal existente es clave para un sector en el que la tradición, la finca, el territorio, la finalidad productiva en base al producto final son claves para el modelo de negocio, es necesario incidir en nuevos problemas como las olas de calor, la respiración nocturna, la permeabilidad cuticular...
• Las proyecciones agroclimáticas y de disponibilidad de recursos son la base para el diseño compartido del paisaje de todos frente a los retos del siglo XXI en el ámbito mediterráneo: sequía, incendios forestales, heladas tardías, despoblamiento, nuevas necesidades hídricas, etc. En este sentido, también es necesario profundizar en el conocimiento y la investigación que permita establecer sistemas de alerta meteorológica y climática eficientes para la agricultura, a escalas temporales que pueden ir de las pocas horas y días, hasta la predicción estacional y decenal.
• Tener muy presente los conceptos ecológicos de la transición, que indica un proceso, la vida, del que se conoce el punto de partida y potenciales puntos de llegada, pero un sinfín de interrelaciones específicas, temporales, espaciales y de incertidumbres a lo largo de la misma, van a condicionar el resultado final y la velocidad del proceso. Concepto al que debe añadirse, que la temperatura dibuja el paisaje, y el agua le da color.
Así, los conceptos transición, temperatura y agua, son claves para apoyándonos en las relaciones hídricas, en el continuo hídrico suelo-planta-atmosfera poder explicar el funcionalismo de nuestro mundo, y en la medida de lo posible y con la máxima modestia tratar de ofrecer las mejores soluciones para generar un mundo resiliente al cambio continuo.
Se dispone de un elevado nivel de conocimiento científico, pero ahora falta relacionarlo con el de las humanidades, para poder primero entender y luego plantar opciones vitales, siempre en base a la ciencia, la técnica, la sociología, la empatía, la sobriedad y el sentido común, y muy importante hacerlo siempre con otros, pensado en los de ahora y los que vendrán…
Tenemos la herramienta y sabemos cómo utilizarla, pero debemos tener presente el tiempo, una magnitud física que permite ordenar la secuencia de los sucesos, estableciendo un pasado, un presente y un futuro, que por tanto sabemos que existe, que nos envuelve siempre y en cualquier lugar, pero somos totalmente incapaces de controlarlo, por lo que las soluciones que planteemos a partir de estudios concretos deben siempre matizarse, ponderarse para este factor.
Apareciendo otro concepto que consideramos clave en este proceso, el trabajo en equipo, en una estructura funcional plural y coral, que posibilite el debate continuo desde la igualdad, generando sinergia y así, ganar tiempo al tiempo.
Lo tenemos todo, sólo falta un concepto, el compromiso para con los otros y con uno mismo.
Venga pues, hay mucho por hacer, bien.








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