Imagen generada por La Semana Vitivinícola. A vueltas con la PAC: apostar por la competitividad
“En un país, que piensa como hace 20-30 años, hay que apostar por la competitividad”. Esta fue una de las conclusiones lanzadas, en rueda de prensa, por un insigne galardonado en la reciente celebración de los Premios Rey Jaime I.
Mientras se espera la promulgación oficial de la Nueva PAC 2028-2034 (vera luz a principios de año) que establecerá las nuevas medidas con las que el sector vitivinícola intentará superar la crisis actual en la que está inmerso y que, en un buen avance de opinión, se pueden consultar en el artículo de SeVi: “Habemus Paquete Vino”, todo indica que uno de los ejes principales de la misma se sitúa en potenciar la Competitividad.
Apostar por la competitividad puede motivar el inicio de una reflexión acerca de la necesidad de que nuestro sector vitivinícola español pudiera ofrecer a Europa un modelo eficiente de vitivinicultura, partiendo de estudios y diseños de estrategias, que le doten de un futuro más competitivo. Sin olvidar que la Competitividad, como estrategia básica, es posible pero no suficiente si no se completa su concepto con actividades clave vía la modificación de estructuras, revalorización de la oferta y, sobre todo, incorporando talento, para atender a los nuevos retos que se avecinan.
El sector, español y europeo, cuenta con muy buenos diagnósticos que identifican los nuevos retos a los que se enfrenta, así como supuestos y ensayos que posibilitarían superar la ancestral dificultad por las que sus precedentes aplicaciones no incidieron por igual en todos los eslabones de la cadena alimentaria y por los que, con frecuencia, los beneficios no alcanzaron mínimamente al viticultor/a y sus entornos territoriales desde la producción a los servicios, generando un legado de desilusión en amplias zonas productoras que propiciaron abandonos. Tienen fácil acceso a consulta y por ello evitamos su reiteración.
Son las actuales coordenadas de mercado las que indican que el resurgir del sector europeo pasa por la consecución de una competitividad integral del mismo y por la obligación de creer en lo que se proponga para mejorarlo, utilizando las herramientas y medios que las nuevas tecnologías y las medidas de apoyo puedan aportar en todos y cada uno de los eslabones de la cadena de valor sectorial. En este sentido, es fácil escribir sobre la teoría de la competitividad, pero muy difícil establecer y desarrollar sus medidas de aplicación si no abandonamos viejos egoísmos.
El nuevo marco legislativo PAC 2028-2034, donde se especificarán las herramientas con las que hacer frente a la actual crisis, parece indicar que se focalizará en tres amplios frentes: Gestión de crisis. Adaptación de las nuevas tendencias de consumo. Protección de la calidad.
Mientras tanto, todo son especulaciones, suposiciones de parte, filtraciones, etc. y es cuando debemos mantener total confianza en que la Comisión habrá reconsiderado y actualizado factores de amplia influencia para la consecución de una nueva competitividad sectorial, entre los que citamos:
- Nuevo concepto de territorio con vocación vitícola de calidad diferenciada.
- Metodología para equilibrar, adaptar, evaluar producciones, rendimientos.
- Competitividad en todas las fases de la cadena alimentaria y rentas dignas.
- Preparar a los operadores del sector para asimilar los nuevos modelos de gestión.
- Incorporación de talentos, nuevas tecnologías, internacionalización y defensa sectorial.
- Vertebración sectorial, representación y toma de decisiones.
- Camino de la excelencia tras superar la calidad total. Promoción y Comunicación.
- Fondos presupuestarios acordes con las aspiraciones sectoriales.
- Claridad, flexibilidad, transparencia, coordinación y modelos de control y gestión.
Aumentar la necesaria competitividad integral del sector vitivinícola exige actuar coordinadamente y sin desajustes de velocidades en los cuatro puntos cardinales del mismo: Viticultura, Enología, Comercialización y Consumo. La Comisión Europea ofrecerá unas herramientas y una ficha financiera de apoyo a los operadores sectoriales para que con sus compromisos y responsabilidades puedan defenderse con eficiencia en un entorno alimentario competitivo.
El sector vitivinícola, nacional y europeo, precisa mirar hacia el presente y futuro con esperanza, sin nostalgia del pasado y confiando que la COMISIÓN, pensando correctamente, habrá tomado decisiones acertadas.









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