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José Vicente Guillem y Rafael de Michelena
Lunes, 24 de Noviembre de 2025 Tiempo de lectura:

Resolver problemas con la PAC 2028-2034

Con la aprobación en el Parlamento Europeo (Comagri) del debatido “Paquete Vino”, que recoge posicionamientos sectoriales aportados por, entre otros, el COPA-Cogeca, OIV, AREV, CEEV, EFOW…, se inician las negociaciones tripartitas (Comisión Europea, Consejo y Parlamento) que deben concluir con un texto legislativo definitivo cuyo objetivo sea permitir a los operadores del Sector Vinos abordar y resolver el amplio abanico de problemas actuales que están padeciendo.

 

El conocimiento, la experiencia, el ingenio y la imaginación de los ponentes encargados de la redacción del texto legislativo deben ponerse al servicio de todo el Sector Vinos Comunitario, para el bien obrar del mismo. Son los operadores sectoriales quienes, de verdad, deben resolver los problemas actuales que inciden en la globalidad del mismo, pero es misión propia del Consejo aportar las herramientas precisas, apoyos jurídicos, reglas claras, flexibles, eficaces, simplificando burocracia y dotando a la PAC de una ficha financiera suficiente que implemente las importantes aportaciones que aquellos sufragan.

 

Las instituciones públicas y privadas del sector están a tiempo de analizar lo acontecido en anteriores etapas, sus éxitos, sus fracasos o decepciones y así prepararse para conseguir optimizaciones de un sector que no pasa por los mejores momentos, tratando de catalogar, priorizar intereses y alcanzando un consenso que permita unidad de acción en el relanzamiento sectorial hacia cotas de bienestar y calidad de vida para el mundo rural. Pues sin viticultores/as (primer eslabón de la cadena) difícilmente sobreviva el resto de actividades.

 

La nueva PAC requiere ir a las causas y no quedarse en las consecuencias y por ello se impone un debate pausado e inteligente donde no se confundan los síntomas con la enfermedad. “Conviene que haya disensiones para que resplandezca la verdad” (sic Carta de San Pablo) pero añadiríamos que no se deben repetir dogmatismos que llevaron a cerrar toda posibilidad de pensar, consensuar y plasmar las medidas que antaño se precisaron y lastraron la efectividad de viejas PAC.

 

Estamos en un momento adecuado para dejar algunas reflexiones, inevitablemente personales, pero no por ello necesariamente intransferibles, al observar que, en la mayoría de las grandes zonas vitivinícolas de la Unión Europea, se está perdiendo competitividad, apoyos de la sociedad y respaldo político, debido a:
 

  • Cambio climático, incremento de costes y geopolíticas globalizadoras, que afectan a todo el sistema.
  • Descenso del consumo, abandono de la profesión y deslocalizaciones.
  • Disminución del fondo de comercio, trabas al libre comercio y fiscalidad. Aranceles, impuestos y neoproteccionismos.
  • Exceso de regulación, burocracia, legislación y gobernanza.
  • Falta de adaptación a los nuevos modelos alimentarios, gastronómicos y sociales.
  • Estructuras limitadas por falta de respuestas, capitalización y análisis.
  • Perdida de reconocimiento de la sociedad, valoración profesional e imagen.
  • Apagones informáticos, nuevas tecnologías y eficiencia en amplios territorios.
  • Defensa del sector en el sistema alimentario, en la competencia de las economías “cero alcohol”, “bajo alcohol”, “sin alcohol” y en el relato social.

 

El sector vitivinícola se encuentra ante desafíos, no producidos aisladamente y sí por interrelaciones, a los que la nueva PAC debe responder con sentido crítico y constructivo. Son problemas que necesitan respuestas a corto y largo plazo ya que el propio sector no los ha podido resolver por sus propios medios. He aquí algunos de los desafíos que pueden ponerse como ejemplo de los cambios que está viviendo el sector, a los que hay que dar respuesta;

 

  1. Volver a ilusionar al viticultor/a, bodeguero/a, empresario/a o cooperativista en el valor de su obra bien hecha, necesita algo más que propaganda. Necesita rentas, información y educación en la sociedad y sistema.
  2. Conseguir un equilibrio de mercado, no sólo depende del equilibrio producción/consumo. Necesita voluntad y acuerdos en los eslabones de la cadena alimentaria.
  3. Modificar estructuras no consiste en el lampedusiano criterio de cambiarlo todo para que nada se mueva. Se necesita programación, inversiones, economía pues con “números rojos” pocas decisiones se pueden tomar.
  4. Conseguir un mercado no es fácil y mantenerse en él es muy difícil. Hace falta formación, conocimiento del marco legal en desino, capacidad de acuerdo y cumplimentar normas técnicas, ambientales y económicas.
  5. Defender la vitivinicultura, no es sólo proteger la productividad agraria. Es mucho más: defensa del territorio, medio rural vivo y conjunto de actividades que crean empleos en el mismo y la implantación de nuevas economías.
  6. Dotación de un presupuesto razonado y justo. Sin recortes. Mejor distribuido en consonancia con los cambios a realizar, las estructuras a innovar y los sistemas de gobernanza a implantar, con sus correspondientes compromisos.
  7. Burocracia limitada. Un exceso de normas complica la gestión, control y eficacia. El sector debe evolucionar con normas flexibles y claras, sin injerencias, presiones, ni lobbies.
  8. Priorización de actividades. Ante las propuestas y las limitaciones presupuestarias, es importante ordenar las respuestas con criterios objetivos, comparables, medibles y evaluables.
  9. Importancia del dato. Las exigencias de trazabilidad, etiquetado, digitalización, internet, robotización y redes sociales precisan disponer de datos que permitan no sólo, tomar decisiones, sino controlar y gestionar procesos.
  10. Profesionales de la excelencia. Desde el campo a la mesa, toda una cadena de valor estará en manos de profesionales formados, informados y con talento para mejorar todas y cada una de las fases del proceso.

 

En un detalle deberíamos estar todos de acuerdo: el Vino, debe jugar un “papel diferenciado” en la alimentación, aprovechar la retirada del informe sobre el alcohol en EE.UU., (NASEM) y las sinergias de ciencia, conocimiento, y tecnología, para diferenciarse en el sistema alimentario, por sus valores propios y darlos a conocer en la sociedad.

 

Por último, hay que tener muy presente que una nueva desilusión, incluso involuntaria, provocaría en el sector una crisis mayor que la actual, difícil de superar, con abandono del territorio y perdida de patrimonio económico, cultural y social.

 

Ha lugar a la esperanza, si el sector se muestra unido.

Pertenece a la edición 3700

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