SOStain Sicilia: el modelo mediterráneo que demuestra que la sostenibilidad sólo funciona si es colectiva
Medir, cooperar, mejorar: así funciona el programa que ha unido al vino siciliano
A veces, el movimiento que transforma un territorio empieza con una idea sencilla: que la sostenibilidad sólo es real si se comparte. Sicilia, una de las regiones vitivinícolas más diversas y complejas del Mediterráneo, lleva más de una década trabajando esa idea hasta convertirla en un programa robusto, medible y replicable. Ese programa se llama SOStain Sicilia, y el pasado 18 de noviembre, en Palermo, celebró su cuarto Simposio “Interazioni Sostenibili – Mondi Possibili” (Interacciones Posibles – Mundos Posibles), que La Semana Vitivinícola cubrió como medio invitado en representación de España.
La jornada, desarrollada en la elegante Villa Zito, reunió a bodegas, investigadores, instituciones, especialistas en energía, expertos en biodiversidad, economistas, responsables de gobernanza climática y representantes de organismos internacionales. Pero, sobre todo, reunió algo muchas veces ausente en los debates sobre sostenibilidad: una comunidad trabajando junta en torno a un compromiso común.
Como resumió Alberto Tasca d’Almerita, bodeguero y presidente de la Fondazione SOStain Sicilia, “la sostenibilidad ya no puede ser una elección individual ni mucho menos un objetivo de comunicación: es un proceso colectivo que nace del diálogo constante entre productores, instituciones, investigación y consumidores”. Ese es, precisamente, el eje vertebrador del modelo siciliano.
Un programa integral nacido en Sicilia y para Sicilia
SOStain es el programa de sostenibilidad para la viticultura siciliana, creado en 2010 por el Consorzio Sicilia DOC y Assovini Sicilia. Hoy agrupa 43 bodegas, de las cuales 33 ya han superado la certificación, lo que supone más de 6.300 hectáreas de viñedo y 23 millones de botellas certificadas.
![[Img #16584]](https://sevi.net/upload/images/11_2025/440_img_20251118_145905.jpg)
El programa se sustenta en 10 requisitos mínimos muy concretos, todos ellos medibles y sometidos a verificación independiente:
- Gestión sostenible del viñedo
- Prohibición del uso de herbicidas químicos
- Protección y fomento de la biodiversidad
- Uso de materiales ecocompatibles
- Prioridad a materias primas locales
- Uso obligatorio de los indicadores del programa VIVA (aire, agua, viñedo, territorio)
- Tecnologías energéticamente eficientes
- Peso máximo de la botella
- Transparencia en la comunicación
- Ausencia de residuos nocivos en el vino
A diferencia de otras iniciativas, SOStain tiene un elemento distintivo: su integración estructural del programa VIVA del Ministerio de Medio Ambiente italiano, que obliga a medir la huella de carbono y de agua, además de parámetros de biodiversidad y calidad del viñedo.
Como explicó Lucrezia Lamastra, coordinadora del Comité Científico, la fuerza del programa está en que “la medición no es un fin en sí mismo: es el motor de la mejora continua”. Y lo ejemplificó con datos: la adopción de botellas ligeras (un requisito del programa, como hemos visto) ha permitido reducir 1.394 toneladas de CO₂ equivalente, mientras que la eficiencia energética ha evitado otras 940 toneladas adicionales. En total, 2.354 toneladas de CO₂ equivalente ahorradas cada año por las bodegas certificadas.
El suelo, el clima y la biodiversidad: una urgencia que Sicilia conoce muy bien
La presentación inicial de Alberto Tasca aportó un contexto potente, apoyado en datos concluyentes. El mundo, y especialmente el Mediterráneo, están en un punto crítico. 2024 fue el año más cálido jamás registrado, con una temperatura media del Mediterráneo de 21,16 ºC. Las emisiones globales superaron los 41.000 millones de toneladas de CO₂, y los fenómenos extremos han provocado unas pérdidas estimadas en 790.000 millones de euros en Europa desde 1980.
El climatólogo Luca Mercalli, presidente de la Sociedad Meteorológica Italiana, fue contundente: “las cosas van mal y no mejorarán si no reducimos emisiones. Lo que no se mide no se puede mejorar”. Recordó que el calentamiento global en el Mediterráneo “avanza al doble de la media mundial”, y citó episodios ya históricos: los 48,8ºC registrados en Siracusa en agosto de 2021, récord absoluto en Europa.
La meteorología reciente en Sicilia alterna “grandes sequías” con episodios torrenciales repentinos. Situación análoga a las cuencas viticultoras de la España mediterránea. Y los ciclos hídricos están cambiando: en el simposio, Leonardo Santoro, secretario general de la Confederación Hidrológica de la Región de Sicilia, alertó de que la isla vive una “crisis hídrica aún no finalizada”, con procesos de desertificación acelerados desde 2019, intrusión salina y descenso del nivel freático. “Quedan dos a cuatro años para recuperar niveles previos, y más de diez para restablecer los acuíferos”, advirtió.
El mensaje es claro: el territorio ya no puede sostener modelos intensivos o poco adaptados a la nueva realidad climática. Y aquí es donde SOStain aporta una respuesta concreta.
Medir, gestionar, mejorar: el enfoque SOStain
El programa adopta una visión de ciclo de vida completo (Life Cycle Assessment), desde el viñedo hasta el consumo. Lamastra lo sintetizó: “cuantos más indicadores tengas, más conoces la huella ambiental del producto”. Por eso el programa obliga a medir no sólo CO₂, sino también agua, biodiversidad, uso de fertilizantes, compactación de suelos, energía o impacto territorial.
La medición en SOStain se apoya en tres pilares:
- Indicadores VIVA (aire, agua, viñedo, territorio)
- Requisitos previos obligatorios
- Plan de mejora continua, auditado periódicamente
Esta estructura, según recordó Lamastra, ha llevado a SOStain a situarse entre los programas de sostenibilidad vitivinícola “mejor valorados del mundo” según la evaluación independiente de Intertek.
![[Img #16587]](https://sevi.net/upload/images/11_2025/7503_simposio-sostain-2025_13-ok-rid.jpg)
Agricultura de precisión, biodiversidad y transición energética: una sostenibilidad con ciencia aplicada
La primera sesión del simposio se centró en ciencia y agricultura. Pietro Franceschi, de la Fondazione Mach, subrayó que la tecnología sólo es útil “si se combina con conocimiento agronómico, biológico y ecológico”. Detalló cómo la agricultura digital permite monitorizar el viñedo a nivel territorial mediante satélites, sensores y bases de datos compartidas; a nivel de finca mediante drones, cámaras e IA; y a nivel de planta mediante biología molecular y tecnologías ómicas.
El objetivo: usar racionalmente los recursos hídricos, anticipar enfermedades, seleccionar variedades más resistentes y mejorar la resiliencia al cambio climático.
En este bloque destacó especialmente el proyecto Honeybees & Vineyard, presentado por Raffaele Cirone, presidente de la Federación Italiana de Apicultores (FAI). El proyecto reintroduce colonias de Apis mellifera siciliana y ligustica en las bodegas adheridas a SOStain mediante un sistema de biomonitorización con 50 colmenas gestionadas por 10 apicultores formados. Permite detectar contaminación por pesticidas, evaluar flora útil para polinizadores y medir la salud ambiental del viñedo.
![[Img #16586]](https://sevi.net/upload/images/11_2025/5040_img_20251118_164557.jpg)
Cirone lo definió como “una herramienta para medir la sostenibilidad real y, al mismo tiempo, un modo de diferenciarse en el mercado”.
La catedrática Eleonora Riva Sanseverino (Universidad de Palermo) aportó una visión complementaria desde la transición energética. Sicilia, recordó, es un hub energético natural vinculado a los corredores South2, Transmed y Greenstream. El plan de desarrollo de la red eléctrica italiana prevé 3.200 millones de euros de inversión en la isla en la próxima década. “Descarbonizar requiere ocupar solo el 0,39% del territorio: no hay que crear alarma”. Su mensaje fue pragmático: la sostenibilidad “es innovación, pero también productividad y economía”.
Transición empresarial y nuevos modelos: del consumo al bien común
La segunda sesión analizó la sostenibilidad como palanca empresarial. Manuela Macchi, de Chapter Zero Italy, repasó los riesgos físico-climáticos (sequías, inundaciones, estrés hídrico) y los riesgos de transición (normativos, reputacionales, tecnológicos, de mercado). La pérdida de biodiversidad, recordó, afecta a “más de la mitad del PIB mundial”. Su conclusión fue clara: “el coste de no actuar es muchísimo mayor que el de actuar”. Presentó los ocho principios de gobernanza sostenible para empresas, centrados en responsabilidad, competencias climáticas, estrategia, incentivos y relación con stakeholders.
Después llegó uno de los paneles más inspiradores del día: “The Future is Regenerative”, con cuatro intervenciones diversas, pero totalmente convergentes.
Biagio Pecorino, de la Universidad de Catania, expuso el caso Assoro Biometano: un ejemplo de economía circular y simbiosis industrial que “nutre al territorio y al sector”.
Carlos Veloso dos Santos, director de Amorim Cork Italia, defendió el corcho como “producto noble con muchas vidas” y recordó que la sostenibilidad debe ser “también social, no solo ambiental”.
Ernesto Ghigna, de O-I, presentó el proyecto “100% Sicilia”: una botella elaborada en Marsala con vidrio reciclado exclusivamente procedente de recogida selectiva en la isla. Explicó que cada +10% de vidrio reciclado permite un ahorro del 2,5% de energía, e insistió en la importancia del diseño estructural para reducir peso sin comprometer estabilidad.
Enrico Foglia, fundador del Regenerative Marketing Institute, defendió que “hay que cambiar el objetivo: del consumidor a la comunidad”. El marketing regenerativo propone que la empresa invierta recursos (aunque eso implique sacrificar negocio inmediato) para incrementar los bienes comunes de la comunidad, generando confianza y, a largo plazo, más valor empresarial.
El diálogo con bodegas certificadas cerró la sesión con testimonios muy concretos. Josè Rallo, de Donnafugata, destacó que SOStain “permite a las pequeñas bodegas acceder a recursos y tecnologías que de forma individual serían imposibles”. Otra intervención subrayó que la sostenibilidad “está interiorizada en el día a día de las bodegas sicilianas” y que trabajar juntas “permite obtener resultados inalcanzables de forma aislada”. Desde Cantine Birgi se insistió en que la sostenibilidad debe ser “contagiosa” y que SOStain “es una herramienta para difundir ese virus positivo”.
El discurso final de los productores fue unánime: la cooperación es clave.
True Pricing: medir lo invisible
La intervención internacional corrió a cargo de Estefania Martí Malvido, de la True Price Foundation, que explicó por qué es crucial incorporar los costes sociales y ambientales reales en los precios de los alimentos. Recordó que la producción agroalimentaria genera el 70% de la pérdida de biodiversidad mundial, el 50% de la erosión del suelo, el 70% del uso de agua dulce y el 25% de las emisiones de GEI.
“Hoy es barato contaminar y sobreexplotar porque esos costes no están incorporados en la economía”, señaló. El true pricing no pretende encarecer productos, sino “reducir su impacto real” y permitir que aquellos con menores costes sociales y ambientales sean más competitivos.
SOStain: el modelo siciliano
El programa SOStain no es universal por diseño, pero sí replicable en territorios que compartan con Sicilia una combinación de clima mediterráneo, estrés hídrico, presión térmica creciente, fragmentación del viñedo, presencia de pequeñas y medianas bodegas, y fuerte valor paisajístico. España, con sus más de 900.000 hectáreas de viñedo y su diversidad climática, comparte múltiples similitudes.
Las regiones españolas de clima mediterráneo y semicontinental (Comunitat Valenciana, Cataluña interior, Baleares, La Mancha, Extremadura, Andalucía, Canarias, entre otras) afrontan retos muy parecidos: sequías prolongadas, olas de calor, cambios en la fenología, escasez de agua, desertificación creciente y erosión del suelo. La experiencia de Sicilia puede aportar aprendizajes claros y aplicables.
Tiene un enfoque territorial integrado. SOStain no es un sello para bodegas aisladas: es una estrategia de isla completa donde la DOC Sicilia y Assovini impulsan un estándar común. Mantiene requisitos concretos y medibles, claves para evitar ambigüedades y homogeneizar criterios de sostenibilidad compartidos. Son de medición obligatoria y verificados colectivamente. Además, coopera e impulsa proyectos de biodiversidad con otros productos agroalimentarios. Aunque, quizá el punto más inspirador es que en Sicilia, la sostenibilidad es vivida como un objetivo común, no como un elemento de competencia comercial. España tiene potencial para avanzar en esa misma dirección.
El cuarto Simposio SOStain dejó una sensación clara: la sostenibilidad, cuando se mide, se gestiona y se comparte, genera progreso real. Sicilia ha construido un modelo propio, basado en ciencia, cooperación y compromiso empresarial. Ha demostrado que una región entera puede alinearse detrás de un objetivo común si existen herramientas, liderazgo y visión compartida.
Al cerrar la jornada, Alberto Tasca resumió el espíritu del programa con una frase sencilla: “somos 100% humanos y 100% naturaleza”. Quizá ahí esté la clave: comprender que proteger el territorio no es un gesto simbólico, sino un acto de responsabilidad hacia las generaciones futuras.








Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.50