Inmoral ataque y devaluación del vino
El vino no se vende, carece de valor y se devalúa ante los nuevos paradigmas generados por la nueva sociedad y sus exigencias antialcohol.
Sin lugar a dudas, el sector vitivinícola está siendo sometido a un inmoral ataque para denostar y devaluar el VINO y todo su entorno. Los históricos conceptos: “la viña es vida” y “vino, algo más que un simple bien de consumo” son enfrentados a realidades que alertan sobre cambios sociales que pueden poner en entredicho la legitimidad del vino y su consumo nacidas y promocionadas desde economías no alcohólicas que alientan y proclaman está nueva cruzada.
Se pretende minusvalorar y opacar los tres aspectos, con base científica, que siempre acompañarán la defensa del vino: Nutricional. Toxicológico. Medicinal. Es en el marco de la sociedad de la alimentación donde más insisten en marginar la contribución que el VINO incorpora a la cultura de los pueblos por cuanto la viña es origen de vida, territorio, actividad agraria, paisaje, tecnología, innovación, esfuerzo, puestos de trabajo, patrimonio, desarrollo rural, cultura, convivencia, diálogo y alimento.
El vino, donde no escondemos que entre sus más de 4.000 moléculas distintas identificadas hay presencia de alcohol de fermentación y algún que otro componente más, es algo más que un simple bien de consumo, es una suma de valores sociales, económicos, comerciales y culturales, en razón del uso que el talento humano le otorgue, pasando de complemento calórico a índice de calidad de vida y hedonismo. El vino cuando se toma con moderación transmite sensaciones, placer y valores, que otros alimentos no disponen.
Si seguimos deseando defender que la sociedad de consumo se interese por el vino, deberemos adoptar cambios, sin renunciar a elementos básicos, abriendo puertas, con una movilización valiente, comprometida y confrontada a los valores de la economía del siglo XXI. Sólo así podremos llegar a un público objetivo mediatizado y presionado por mensajes anti vino.
No solamente deberemos afrontar racionalmente los desafíos de las brigadas antialcohólicas y sí seguir avanzando en aquellas medidas que nos permitan participar en un mercado único, con normas restrictivas y limitaciones frente a actividades técnicas, fiscales, económicas y sociales relativas que generan diferencias de clase por falta de unificación, voluntad política, acuerdos no explicados o “cambios de cromos”. Por omisión, también desde el propio sector se está colaborando, consciente o inconscientemente, en una progresiva y lenta devaluación del VINO.
Nos interesa analizar los motivos por los que parte de la sociedad se aparta de la cultura del vino, de su habitual moderado consumo, el preocupante problema del relevo generacional, la caída del consumo y su sustitución por otros productos de consumo fruto de la inteligencia, de la innovación y de la competencia, que gustan y se posicionan en los modelos y la cadena agroalimentaria.
La viña y el vino deben andar junto a la sociedad, hacia cambios importantes que modificarán objetivos, estrategias, actividades y condiciones de trabajo para conectar con un futuro más prometedor:
- Evolución de los gustos de una sociedad dinámica y cambiante hacia nuevas prioridades de consumo y su capacidad de adaptación.
- Cambio de clima, naturaleza, modelos energéticos y sociales, que actuarán en todos los eslabones de la cadena alimentaria.
- Incorporación de tecnologías en los campos de la viticultura, enología, la distribución y consumo de vino y bebidas derivadas.
- Nivel de aceptación de los nuevos productos saludables nacidos del cambio por colectivos que se incorporen a la sociedad.
- Prever apagones técnicos, alimentarios, digitales, comerciales e intervenciones geopolíticas de bloque.
- La actuación del propio sistema agroalimentario sobre el sector vino, bajo la presencia de medidas anti vino, por su composición alcohólica
- Inversiones adecuadas para actuar desde la producción al consumo y entornos naturales, permitiendo sostenibilidad de micro sistemas propios.
- Implementando programas de I+D+i. educación y formación, talento y nuevas profesiones y defendiendo al sector de los modelos de economías sin alcohol.
- Marco legal estable, claro, flexible, equilibrad, justo, eficiente, ético y para todos los elementos del sistema y sus entornos, sin burocracias.
- Organización sectorial adecuada a las respuestas sectoriales que el sector necesita para su defensa en todas y cada uno de los eslabones de la cadena y en el equilibrio de esfuerzos y rentabilidades.
Recurriendo a las hemerotecas, estudiando análisis sectoriales y yuxtaponiendo detalles, se pueden relacionar aspectos sectoriales a mejorar, en los términos:
- Nadie consume lo que no conoce. La información veraz y formación y educación es un grado. Viña, vino, valores y atributos para consumidores actuales.
- El grado de conocimiento, es desigual y comprende desde los abstemios a los dogmáticos y esnobistas. El vino debe dejar de intimidar.
- Falta la cultura del honesto vino de cada día, desde el campo a la mesa, frente a súper especializaciones o mal entendimiento
- Imagen, usos, costumbres y hábitos, necesitan una adaptación a los gustos sociales del momento. Se camina hacia la personalización de consumo.
- Campañas anti, noticias falsas y comunicación en algo más que en tradiciones inteligentes, se necesita más que relatos de momento, narraciones.
- Luchar en un mercado único, con naciones emergentes, bloques geopolíticos, lobbys, fuego amigo, neo proteccionistas o nueva globalización.
Nuestro sector ha resuelto y superado situaciones mayores y momentos más difíciles sin tantos conocimientos, medios y modelos, pero siempre con la verdad de un viñedo, la realidad de un vino y con un tejido sectorial y empresarial sólido al servicio del bien común.
Hay moléculas de esperanza, hay lugar para la ilusión, para un consumo mejor. Organicémonos de forma óptima y vendamos el futuro. La viña que plantemos hoy será el vino del mañana, con el que compartir satisfacciones las futuras generaciones.








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