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COIAL
Miércoles, 22 de Octubre de 2025 Tiempo de lectura:
Vendimias en España 2025

Una vendimia de resistencia: los ingenieros agrónomos sortean el calor y firman una añada de calidad

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Como cada año, el Colegio de Ingenieros Agrónomos de Levante recorre las principales zonas vitícolas del sudeste español (Comunitat Valenciana, Illes Balears, Murcia y Albacete) para escuchar a quienes viven la vendimia desde el campo y la bodega. Ellos combinan la precisión técnica con la sensibilidad que exige una profesión que depende del clima, del suelo y del tiempo. En esta campaña 2025, marcada por un invierno generoso en lluvias y un verano extremo, la vendimia ha sido corta, rápida y llena de contrastes. La sequía sigue pesando en el paisaje, aunque las lluvias del inicio del ciclo han ofrecido un respiro a las plantas. En general, la calidad ha sido alta, pero la cantidad vuelve a resentirse.

 

Fechas y duración de la vendimia: un sprint bajo el calor

El calendario se descompuso este año. Las olas de calor de julio y agosto comprimieron los tiempos y obligaron a muchos viticultores a actuar antes de lo previsto. En algunas bodegas, la cosecha empezó con el calendario aún en agosto y terminó cuando otros años apenas había comenzado. “Ha sido una vendimia súper rápida (explica Javier Revert, que tiene sus viñedos en la zona dels Alforins). Lo habitual es terminar en octubre, pero este año hemos acabado el 15 de septiembre. Las olas de calor lo aceleraron todo; las variedades maduraron muy juntas y no hubo tregua”. El ingeniero agrónomo reconoce que esta aceleración ha dejado huella en los vinos: “Es una añada muy mediterránea, con mucha estructura, con bastante tanino y bastante grado. Creo que va a ser determinante la forma de trabajar en bodega de cada uno”.

 

La sensación de vértigo fue general. En Yecla, el ciclo se comprimió hasta límites que no se recordaban. “Fue excepcionalmente corta (resume Pablo Cortés, de Vinos de la Muerte). Empezamos a principios de agosto, un nuevo récord de precocidad. Todo se desarrolló sin sobresaltos, con una madurez perfecta y una uva sana”.

 

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También en el interior valenciano, la vendimia se vivió como una carrera medida al segundo. José Luis Salón, de Bodegas Pasiego, habla de “una vendimia bastante escalonada y que históricamente para la zona alta, acabó a finales de septiembre”, mientras que en las Illes Balears el calor volvió a ser el gran protagonista. “La maduración ha sido rápida”, resume Toni Sans, y eso ha hecho que la vendimia “fuera al mismo ritmo que otros años, aunque con menos lluvias y más tensión en el campo”.

 

Calidad y sanidad de la uva: resiliencia frente al exceso térmico
El año había comenzado con esperanza. Las lluvias de invierno y primavera alimentaron el optimismo de los viticultores, pero el verano recordó que la viticultura en el sudeste español sigue sujeta a los caprichos del clima. A pesar de todo, la uva ha sorprendido por su estado sanitario. “Parecía que la añada venía con retraso, de las más tardías de los últimos años —recuerda Pablo Calatayud, de Celler del Roure—, pero a mediados de agosto llegaron dos olas de calor seguidas, una especie de tsunami térmico, que dio un vuelco a la añada. Aun así, la sanidad ha sido muy buena, sin apenas botrytis”. La clave, explica, fue la gestión del suelo: “Mantener la cubierta vegetal hasta el principio del verano nos ayudó a controlar el vigor”.

 

En las zonas más altas de Albacete, el final del verano fue decisivo. “La bajada de temperaturas de septiembre fue crucial para lograr una madurez polifenólica completa —detalla Olallo Villoldo, del Pago Finca Élez—. Aunque este año las bayas son entre un 10 y un 15 % más pequeñas”. La historia se repite en bodegas de Alicante, Valencia o Mallorca: el calor aprieta, pero la experiencia pesa más. “Ha sido corta, pero buena —valora Rafa Cambra, de la zona dels Alforins—. Uva muy sana, bien de grado y sin problemas graves. Siempre te queda la espina de que hubiese llovido algo más, pero la calidad está ahí”.

 

Juan Llobell, de Fil.loxera & Co, advierte de los efectos de los ponientes y del calor extremo sobre la uva: “Con los ponientes tan fuertes, la uva se deshidrata y ahí tienes el riesgo de que coja un sabor a sobremaduro. Eso, que en los vinos de los años 2000 hasta 2006 o 2007 era casi una moda (vinos muy concentrados), hoy tratamos de evitarlo. Ahora se buscan vinos con un perfil más ligero, más fresco, que expresen mejor la elegancia del viñedo mediterráneo”.

 

En Baleares, el equilibrio entre madurez y sanidad se resolvió con acierto. “La uva ha entrado muy sana y con buena maduración de grados; no hemos tenido mildiu ni oídio por la falta de lluvias”, cuenta Toni Sans, de Karretània. “Cuando hay tan poca humedad, las enfermedades fúngicas desaparecen, pero hay que estar atentos a la sobreexposición”.

 

Desde Menorca, César Palomino, de Bodegas Torralbenc, informa de que la floración “ha sido de alta calidad debido a una muy buena maduración de la uva. La maduración sacarimetría y polifenólica se han equilibrado satisfactoriamente”. 

 

Cantidad de uva recogida: una cosecha que se resiste a recuperarse
La tónica general ha sido la escasez. Aunque las lluvias de primavera mejoraron las expectativas, el verano volvió a reducir el tamaño de las bayas y, con él, la producción. “El mildiu y las olas de calor han reducido la producción de forma importante —explica Revert—. Los racimos se quedaron con menos peso y las vides estaban cansadas. Pensabas que había más uva, pero al llegar a la bodega te dabas cuenta de que era mucho menos”.

 

En Utiel-Requena, el recuento es similar. “El verano fue seco y caluroso, y eso redujo los rendimientos, aunque la sanidad fue extraordinaria”, apunta José Luis Salón. En cuanto a la estimación total de kilos, se sitúa en los 154 millones para esa D.O.P.

 

Pablo Cortés se muestra optimista con el balance cantidad/calidad. “La calidad de uva fue excelente, sana, equilibrada y con una madurez perfecta. Eso sí, recogimos alrededor de un 30% menos que en una cosecha normal, pero la calidad compensa la cantidad”. En cambio, en Mallorca, las mermas ya se asumen como parte del paisaje. “La producción que teníamos hace diez años ya no va a volver —admite Toni Sans—. La Prensal Blanc ha tenido problemas de floración y ha reducido su producción al 50%. Es un síntoma de adaptación del viñedo a un clima que no deja margen”.

 

Plagas y enfermedades: el mildiu marca el pulso
El mildiu se ha ganado de nuevo el protagonismo. Su comportamiento, impredecible, ha dejado lecciones distintas en cada zona. En Moixent, Pablo Calatayud logró mantenerlo a raya con disciplina: “Con algún pase extra de cobre conseguimos controlar el mildiu larvado. Hemos tenido ataques aislados, pero hemos salvado un año donde el mildiu ha sido protagonista en casi toda España”. En bodegas ecológicas, el desafío ha sido mayor. “Ha sido un mildiu muy voraz, que atacó tanto a la hoja como al racimo. En ecológico es difícil de controlar —cuenta Rafa Cambra—, así que hay que ser muy fino en los tratamientos y anticiparse”.

 

Ana Calvet, desde la Baronía de Turís, confirma la doble amenaza: “Hemos tenido mildiu larvado que afectó al moscatel en el cuajado. También ha aparecido el mosquito verde, sobre todo en tintas. Está haciendo bastante daño en toda la Comunitat”. Varios de sus compañeros afirman que, aunque sigue presente, el mosquito verde ha tenido mucho menos protagonismo que en campañas anteriores.

 

En el otro extremo, Juan Llobell describe una campaña más tranquila: “El mildiu atacó en primavera, pero luego no hubo incidencia. Oídio y botrytis, nada; la uva estaba muy sana. Y el mosquito verde, que el año pasado era el rey, este año no ha aparecido por aquí”. Su testimonio resume la tendencia general: enfermedades contenidas, pero una vigilancia constante.

 

Climatología: un año de extremos
El año 2025 ha sido una sucesión de contrastes meteorológicos. A los tres ejercicios previos de sequía se ha sumado un patrón errático de lluvias concentradas en momentos puntuales. “Veníamos de años muy secos y este 2025 nos ha regalado un año bueno de lluvias, unos 500 litros muy bien caídos —explica Pablo Calatayud—. Las lluvias de marzo dieron también mucha energía para el momento de la floración”.

 

El guion se repite en el interior de Alicante y Valencia: el ciclo arrancó con esperanza y terminó bajo un sol inclemente. “El ciclo empezó bien, con lluvias en primavera, pero nos faltó el último empujón. Desde finales de agosto y durante septiembre no cayó ni una gota”, lamenta Rafa Cambra. En Utiel-Requena, José Luis Salón lo resume en una frase: “Ha sido un año más seco que la media y caluroso, sobre todo el verano”.

 

En Pago Finca Élez, la climatología ofreció una tregua final. “Las precipitaciones se concentraron en marzo y abril; luego casi nada hasta septiembre. Por suerte, la diferencia térmica entre el día y la noche ayudó mucho”, explica Olallo Villoldo. En cambio, la Baronía de Turís tuvo que lidiar con la DANA de otoño. “Nos afectó bastante —recuerda Ana Calvet—. Más de un 20% de campos afectados y al menos un 10% muy estropeados que habrá que replantar. Algunos agricultores, por edad o falta de relevo, quizá no los vuelvan a poner en marcha”. Su preocupación trasciende lo meteorológico: “Llevamos tres años seguidos con fenómenos extremos y eso desgasta tanto a las plantas como a las personas”.

 

También el viento ha tenido protagonismo. Según César Palomino, en Menorca, “antes de floración, el 30 de marzo, se produjeron varios días de viento de componente norte con rachas de más de 85 km/h, lo que ocasionó daños por desecación en algunas parcelas y eliminó casi por completo la producción”. 

 

Efecto de la sequía prolongada en las plantas: la memoria del viñedo
Las lluvias de este año han traído alivio, pero no olvido. La viña conserva la memoria de las campañas anteriores, y eso se nota en la carga y el vigor. “Las plantas han sufrido tanto que el peso del racimo ha bajado —explica Revert—. La viña tiene memoria. Aunque llueva, no se recupera de un año para otro”. 

 

Esa memoria vegetal se percibe también en la reducción de la cosecha y en el aumento del grado alcohólico. “Cuando la planta sufre, la fruta madura antes y concentra todo en menos uva”, añade Rafa Cambra. Ana Calvet lo expresa en términos más amplios: “Hay campos viejos que no se han recuperado y otros que, por la DANA o por la sequía, se han perdido. El problema es que no solo perdemos producción, perdemos paisaje y cultura”.

 

Mercado: entre la contención y el ajuste
Mientras el campo intenta adaptarse a los extremos, el mercado del vino se enfrenta a un nuevo equilibrio. La bajada del consumo global y la subida de costes han dejado a las bodegas en una posición frágil. “Hay una bajada generalizada del consumo a nivel mundial —analiza Revert—. En España resistimos mejor, pero mercados clave como Estados Unidos, Alemania o Canadá están sufriendo. Afecta sobre todo a los vinos de consumo diario, los más sensibles al precio”. Para él, la salida pasa por la diferenciación: “La única alternativa es apostar por la identidad y la autenticidad. Hacer vinos que cuenten de dónde vienen”.

 

Desde Baleares, Toni Sans percibe un reequilibrio a medio plazo: “El descenso en el consumo y en la producción está ajustando el mercado. A la gente le cuesta más beberse una botella entera y los márgenes de los restaurantes son muy amplios. Eso, junto con la competencia de vinos peninsulares más baratos, está redibujando el panorama”. En su opinión, este cambio no tiene por qué ser negativo: “El consumidor medio se está desplazando hacia gamas más altas, pero compra menos. Es un reto y una oportunidad para las bodegas pequeñas, que deben fidelizar a su público local”.

 

Un cierre entre la esperanza y la preocupación
El balance de la campaña 2025 deja una sensación dual: alivio por la calidad y preocupación por la sostenibilidad del modelo. Lluvias esperanzadoras al inicio del ciclo, un verano extremo y una vendimia que pasó en un suspiro resumen el año. La calidad de la uva y la sanidad han sido excelentes, pero la cantidad sigue en mínimos. Las plagas cambian su comportamiento, el mercado se reajusta y las viñas piden tiempo para recuperar su vigor.

 

Un año que ha vuelto a poner a prueba la paciencia y la técnica de los ingenieros agrónomos viticultores, que a pesar de las dificultades siguen dando rienda suelta a la pasión que sienten por embotellar la más estimulante de todas las bebidas.

Pertenece a la edición 3697 Vendimias

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