Comisión Ejecutiva de la FEV. La FEV sitúa la vendimia 2025 entre 31,3 y 33,1 Mhl, hasta un 15% menos que el pasado año
Coincide con otras voces sectoriales, confirma la vulnerabilidad del sector al cambio climático y reabre el debate sobre la Ley de la Cadena
La Federación Española del Vino (FEV) ha puesto cifras a la vendimia 2025, confirmando lo que ya se intuía desde hace semanas: la campaña será corta, aunque de muy buena calidad, y se situará claramente por debajo de los volúmenes habituales. La Comisión Ejecutiva de la organización, reunida en Sant Sadurní d’Anoia, ha anticipado que la cosecha de vino y mosto quedará entre 31,28 y 33,12 millones de hectolitros, lo que supone una caída del 10-15% respecto a 2024 (36,8 Mhl). Muy lejos de los 40 millones alcanzados en vendimias recientes como las de 2021 o 2022.
El diagnóstico de la patronal bodeguera coincide con la tendencia a la baja que han ido marcando otras instituciones del sector. Cooperativas Agro-alimentarias ya había rebajado sus previsiones a 31,5 Mhl como cifra probable, mientras que La Semana Vitivinícola ha ido ajustando progresivamente a la baja sus estimaciones conforme trascendían los daños provocados por la ola de calor, la sequía persistente y el impacto del mildiu en el viñedo.
La vendimia 2025 en España avanza así bajo una doble premisa: menos volumen, pero una calidad de uva que augura vinos de excelente perfil. Un año que confirma la fragilidad del sector ante la presión climática y la necesidad de un marco regulador capaz de adaptarse a circunstancias excepcionales.
La FEV subraya, no obstante, que se trata de una cifra global y que la realidad es muy dispar entre territorios. En algunas zonas vitivinícolas, las pérdidas de producción podrían alcanzar caídas del 40% o incluso del 50%, reflejo de unas condiciones meteorológicas extremas que se repiten con creciente frecuencia. “La actividad vitivinícola está absolutamente ligada a la climatología y pone de manifiesto la necesidad de actuar con firmeza en medidas de adaptación al cambio climático para asegurar la producción y la sostenibilidad futura del sector”, advirtió la Comisión Ejecutiva.
Las bodegas afirman que cumplen con la normativa
Más allá de la producción, el debate sobre la Ley de la Cadena Agroalimentaria también estuvo presente en la reunión. Los representantes de la FEV salieron al paso de las “manifestaciones desproporcionadas e infundadas” que, a su juicio, algunas organizaciones agrarias han difundido durante la vendimia, y defendieron que las bodegas cumplen “de manera escrupulosa” con la normativa.
El recorte de la cosecha está teniendo un efecto directo en el mercado: la menor oferta ha impulsado al alza los precios de la uva, una evolución que responde al cumplimiento de la obligación legal de cubrir los costes efectivos de producción. Este mecanismo, valorado como un avance en la protección de los viticultores, está generando a la vez tensiones en el resto de la cadena de valor del vino por el encarecimiento de la materia prima.
En este contexto, la FEV reclama a la Agencia de Información y Control Alimentarios (AICA) “cierta flexibilidad y una reflexión” sobre algunos aspectos de la Ley. La patronal alerta de que la norma no contempla escenarios de escasez sobrevenida como el actual, ya que no permite revisar al alza los precios pactados una vez entregada la uva. Esta limitación puede acabar perjudicando tanto a bodegas como a viticultores: a las primeras, porque podrían estar incumpliendo la Ley sin quererlo; a los segundos, porque percibirían menos de lo que realmente el comprador querría pagar.







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