Javier Gandía, CEO y miembro de la 4ª generación de la bodega. Vicente Gandía: 140 años de historia mirando al futuro del vino valenciano
Bodegas Vicente Gandía no sólo celebra su aniversario. Celebra una epopeya vitivinícola que comenzó en 1885 en la calle Maderas, junto al puerto de Valencia, y que hoy, 140 años después, sigue marcando el rumbo del vino mediterráneo desde la Comunitat Valenciana hacia el mundo. Presente en más de 90 países, esta empresa familiar ha sabido conjugar tradición, innovación y ambición sin perder nunca su esencia.
El pasado 14 de mayo, El Telar de Miguel Martí acogió el acto conmemorativo de este hito histórico. Familiares, profesionales del sector y prensa especializada se reunieron en un evento que sirvió para algo más que soplar velas: fue la confirmación de su estrategia de premiumización
El momento más emotivo de la jornada llegó con la intervención de Marisol Gandía, hermana de José María Gandía y única persona viva que ha convivido con las cuatro generaciones que han dado forma al proyecto. Su discurso, íntimo y sincero, fue un homenaje a la historia viva de la familia y a los valores que han guiado a la bodega: el amor por las cosas bien hechas, el respeto al origen y la vocación de futuro.
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La figura de José María Gandía, patriarca e impulsor de la modernización de la empresa, estuvo muy presente en todo momento. Fue él quien revolucionó el sector con el lanzamiento de Castillo de Liria en 1971, el primer vino embotellado en la C. Valenciana. Un hito que marcó el inicio de una empresa todoterreno, capaz de liderar tanto en volumen como en valor añadido, tal y como destacó su hijo, Javier Gandía, hoy CEO de la bodega.
Vicente Gandía inició hace años el camino hacia la premiumización de sus vinos, junto a enólogos de referencia como Luis García Severino, Pepe Hidalgo (hijo) y Diego Morcillo, actúal director técnico.
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El momento culminante del aniversario fue la presentación en primicia de Clos de Gallur Black 2020 (D.O.P. Valencia), edición limitada nacida de las parcelas más selectas de la finca Clos de Gallur. Criado en roble francés y vestido con una imagen de máxima elegancia. Su precio (200 €) no es una provocación, sino una declaración de intenciones: “Una bodega grande puede hacer grandes vinos”, afirmó Javier Gandía durante la presentación. Un vino complejo, con aromas de fruta negra tramada, regaliz, cereza deshidratada y confitura de tomate. Garriga, laurel. Humos limpios, tabaco mentolado, cedro, canela y pimienta molida. Lila y lavanda seca. Cera, manteca y cuero limpio. Franco y estructurado en boca, con acidez jugosa de naranja verde, tostados, puntos de hollejo asoleado y tanino redondo.
Un vino que aspira a competir en el segmento más alto, pero que también reivindica la capacidad del vino valenciano para romper barreras y conquistar nuevos horizontes.
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También, el embajador de marca y sumiller Maxi Bao, junto a Diego Morcillo presentaron otros cuatro vinos que capturan el mensaje que quiere transmitir Vicente Gandía.
Bobal Brut (espumoso de Bobal, blanc de noirs), con notas de manzana Royal madura, frutillo ligero, cera, lías y polen. Sensación tostada de avellana y de hojaldre de mantequilla y manzana asada. Fondo elegante de oxidación y flores blancas. Amplio y con rotunda elegancia en boca. Textura y peso. Recuerdo de monte y fondo brut equilibrado. Estructurado y muy largo.
El rosado de Monastrell Cerámic Rosé, donde marca la lía muy cremosa. Fruta de hueso y flores rojas. Fondo de monte de secano y crema láctica. Apuntes golosos de malvavisco. Amplio en boca. Buena tensión acida, puntos verdes y amargos finales que apuntalan su lado más goloso. Con textura. Curiosidad por su evolución.
Cerámic Sauvignon Blanc 2023, maduro, fruta cítrica y tropical. Mango y fondo mineral y especiado. Mantequilla ahumada, laurel y hoja de limonero y paparajote. Fondo de flores golosas y de canela en rama. Jugoso en boca, cremoso y maduro. Recuerdo curioso de alga yodada y limón napolitano. Estructurado y largo.
Y cerró la última añada del Bobal Dulce, un rosado que regala flores cítricas, azahar y frutillo escarchado. Melocotón dulce y orejón de albaricoque. Monte, pimienta, polen, anís estrellado y notas de crema. Fondo de caramelo de cereza y fresa acida. Untuoso. Acidez equilibrada, recuerdo de hueso de melocotón y naranja confitada. Largo final floral de azahar.
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La apuesta por las variedades autóctonas (así lo demuestran su “póker” de la gama de bobales o los tres Cerámic, basados en la Monastrell), la elaboración cuidada y la visión global marcan esta nueva etapa. Porque detrás de cada botella, hay 140 años de historia, pero, sobre todo, hay futuro. “Esto no es sólo un homenaje al pasado”, recordó Javier Gandía, “es una declaración de intenciones hacia el futuro. Queremos hacer vinos con alma, identidad y excelencia”.
Y lo están logrando.








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