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Santiago Mínguez Sanz, expresidente de la Comisión de Enología de la OIV
Lunes, 27 de Enero de 2025 Tiempo de lectura:

En memoria de dos amigos: Antonio Cantos y Francisco Díaz Yubero

Han sido varias personas que me acompañaron en mi vida profesional y que, por desgracia, desaparecieron durante el año 2024. A dos de ellas no les pude despedir ni acompañar a sus familiares. Y todavía me perdura un sentido recuerdo de estas dos personas que me brindaron su amistad, su colaboración y su buena y fiable asistencia cuando les pedía su opinión y consejo.

 

Son a estas dos personas a las que quiero rendir un sencillo y sincero homenaje: a D. Antonio Cantos González y a D. Francisco Díaz Yubero, en base a recordar mis vivencias con ellos.

 

De Antonio Cantos, debo decir que cuando llegué a la Estación de Viticultura y Enología de Vilafranca del Penedès, allá por el año 1974, tenía él ya un reconocido prestigio como enólogo y como microbiólogo en el sector. Era químico de profesión, pero su dedicación a la enología y muy especialmente en el proceso de elaboración del cava, le había hecho especializarse en microbiología. Sus conocimientos en bacterias y especialmente en levaduras le habían hecho referente en la elaboración del cava. Y aunque al principio no coincidimos en la misma área de trabajo, porque estuve dedicado durante unos meses a colaborar en análisis instrumental y pocos meses después a la viticultura desde Cabrils (INIA), percibí su carácter modesto y afable en todo momento con las personas que llegábamos a pedirle información y consejo.

 

Una vez se produjeron los traspasos en materia de agricultura a la Generalitat de Catalunya, esta decidió como prioritaria la línea de Viticultura y Enología y a conducir ya definitivamente en las Estaciones Enológicas de Vilafranca y de Reus. Y fue ya en el marco institucional del Incavi, cuando se volvió a cruzar mi camino profesional con el Sr. Cantos (como siempre le llamábamos, por amistad y respeto) y discurrió junto a él hasta su jubilación.

 

Como enólogo al servicio de la Administración y del sector mereció, por parte de este, el máximo reconocimiento y se reflejó a través de la Associació Catalana d’Enòlegs. Desde la perspectiva de compañero de trabajo debo decir que, sin su responsabilidad y trabajo, no se hubiera podido poner nuevamente en funcionamiento la bodega experimental de la Estación Enológica de Vilafranca. En ella, con su supervisión técnica se llevaron a término vinificaciones de las variedades autóctonas más emblemáticas que se tenían controladas e identificadas en diversas parcelas de Catalunya para permitir a los enólogos y empresarios evaluar el potencial de aquellas en comparación con otras foráneas. Y atención: tener información, como alertaba él y la dirección compartía, para facilitar argumentos técnicos sobre la tipicidad de nuestros vinos. Quizá queden en el tabernáculo de la bodega del Incavi de Vilafranca, restos embotellados de aquellas vinificaciones.

 

Su labor científica, técnica y formativa, así como los rasgos de su personalidad ya mencionados ayudaron a consolidar técnicamente al Incavi como institución al servicio del sector. El área de microbiología del Incavi siempre ha sido un puntal técnico que condujo a que los cursos de su Centro de Formación Permanente tuvieran un módulo de microbiología de carácter práctico muy valorado por estudiantes y profesionales. Además, su equipo consolidó y mantuvo una colección de levaduras vínicas que era referente para el sector y que muy pocas instituciones científico-técnicas y universitarias, hasta época reciente y por especialización en Enología, pudieron superar.

 

Y sin su asesoramiento y colaboración tampoco hubiese sido posible la aportación que se hizo en la OIV, en muchos y diversos temas. Gracias a ello el Incavi afianzó un prestigio internacional, en la OIV y fuera de esta, como pocos organismos españoles había conseguido hasta entonces.

 

Ningún enólogo de Cataluña o del resto de España, en el tema de la elaboración del cava, puede decir que no sintiera un gran respeto por sus opiniones profesionales o por sus enseñanzas fruto de una gran experiencia. Su influjo, además, llegó a hacernos decantar por la enología en muchos de los que trabajamos con él.

 

De Francisco Díaz Yubero, he de decir que lo conocí personalmente a causa de nuestro trabajo en la Organización Internacional de la Viña y el Vino. Él en aquella época llevaba la dirección técnica de Bodegas Campo Viejo y además durante ese periodo accedió a la Presidencia de la Federación Española del Vino. Fruto de su trabajo y responsabilidad en los cargos que ocupaba, su visión en defensa del sector del vino español reforzó la postura que teníamos la delegación española en la OIV.

 

España llevaba en la OIV varios temas importantes sobre los que su colaboración fue decisiva. Entre ellos cabe destacar: las buenas prácticas para el transporte a granel de vinos, la estabilización tartárica, la acidificación de vinos y el uso de mosto concentrado rectificado para la elaboración de vinos espumosos. El sector español demandaba que hubiese una toma de decisión por parte de la OIV y una ampliación de los recursos para la estabilización y acidificación al alcance del enólogo. Y a través de Díaz Yubero la FEV hizo llegar al Ministerio de Agricultura, la opinión, cuando no el interés, de apoyar las prácticas que se pretendían aprobar en la OIV, como paso previo a su autorización en la UE. No fue sólo la opinión, por su carácter Díaz Yubero también involucró su propio trabajo. Conviene recordar que algunos de los temas eran tabúes para los países de la Europa central, que se oponían a dar otros recursos para la acidificación a los países vitivinícolas de la Europa del sur, principalmente si estos no reconocían la práctica de la chaptalización. Finalmente, los esfuerzos conjuntos entre las Administraciones (central y autonómicas), las asociaciones de Enólogos y el sector privado, particularmente la FEV con Francisco Díaz Yubero, vieron recompensados sus esfuerzos y ahí están recogidos en el Código Internacional de Prácticas Enológicas de la OIV.

 

Otra faceta que debo reseñar y agradecer a Díaz Yubero es su gran entusiasmo e interés en dar soporte a las diversas actuaciones de formación y jornadas técnicas del Incavi. Su visión profesional era seguida con atención cuando se le implicaba en el desarrollo de algún tema, ya fuese estrictamente técnico o sectorial como la valoración de la realidad económica del sector del vino español. Su gran personalidad y conocimientos no dejaban insensibles al público que le atendía.

 

Y además era una grata compañía. Paco te suponía tener al lado una persona de arrolladora simpatía con la que, después de largas sesiones de discusión en la OIV, podías hacer un cierto borrón y cuenta nueva hasta el día siguiente… si no tenías que preparar alguna réplica y para la que podías contar con todo su apoyo. Además, era un buen estratega, reminiscencia de su tiempo en política, en las discusiones que tenía la delegación española con el resto de las de otros países.

 

Antonio Cantos González y Francisco Días Yubero: dos magníficos profesionales que nos han dejado y para mí dos grandes amigos con los que tuve el honor de poder trabajar. Sirvan estas líneas de reconocimiento a su gran trabajo al servicio del sector vitivinícola español.

 

Pertenece a la edición 3680

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