Moléculas de esperanza
Los medios de comunicación y redes sociales referentes a la sociedad y al sector vitivinícola nos enriquecen con sus variados artículos, opiniones, trabajos de investigación científicos y tecnológicos, premios y galardones, éxitos y fracasos. Unos aportan visión de futuro optimista y otros ahondan en la sensación de pesimismo, desánimo y falta de resiliencia en determinados operadores sectoriales. Nos damos por enterados de que partimos de un supuesto en el que todos los autores están bien formados e informados sobre lo que escriben y que poseen conocimientos suficientes para discernir, con coherencia, sobre la gravedad de la situación que atraviesa el sector y además actúan de buena fe para mejorar, dar respuestas y colaborar con el bien común.
No obstante, junto a esos brillantes estudios, avanzadas estadísticas, argumentadas previsiones de futuro, opiniones laudatorias sobre versiones presentadas siempre políticamente correctas, nos encontramos con una casi total falta de autocrítica ante aquello que hemos hecho mal y nos ha conducido a la actual situación del sector y siempre recurriendo a las famosas muletillas de “yo no he sido”, “reclamaciones al maestro armero”, “la culpa es de los de arriba, que no nos escuchan” …
La “enfermedad” del sector está perfectamente identificada y diagnosticada, pero desgraciadamente no hemos acertado en los tratamientos aplicables, fuera de los meramente paliativos no curativos.
En ese ambiente de relativo pesimismo, entre negacionistas y atrevidos, se producen noticias que dan lugar a la esperanza. La sociedad vitivinícola está desarrollando un crecimiento ordenado en torno a pequeñas cosas, con actividades pequeñas y en lugares distantes que, juntas, pueden otorgar al sistema vitivinícola diminutas Moléculas de Esperanza, que den vida a un nuevo tejido revitalizador.
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En el informe Horizonte 2020 se nos anunciaba que “La actual crisis jubilará viejos modelos de gestión por la ineficacia e insuficiencia de los actuales”, en clara alusión a las necesidades de cambios en un sector dinámico y en horas bajas. Llegan tiempos nuevos, con personas diferentes y programas distintos, encargados de liderar cambios necesarios al ritmo de las nuevas exigencias sociales y siempre de la mano de la Ciencia, Conocimiento, Tecnología y Tejido social que ofrezcan el soporte para que se evolucione sin caer en tentaciones pasadas o en situaciones pretéritas.
En nuestra opinión, que tampoco es gran cosa, el sector no debe afrontar aquellas grandes reformas que superen sus capacidades, independientemente de que se planteen con más o menos estilismo o sean más o menos profundas y que, en muchos casos, ponen de manifiesto el abismo existente entre “ideas y realidades”, pero creemos interesante dar a conocer y reflexionar sobre pequeños detalles que, a nivel de Comunidad Valenciana ya se están produciendo, por ejemplo:
- La revalorización del territorio y variedades, realizada por pequeños propietarios, familias o cooperativas, que con sus empresas hacen patria y sostiene el territorio.
- Las opiniones de reputados profesionales que se plantean cómo contribuir al bien común, indicando con sus trabajos un futuro con sus expresiones vínicas.
- Los testimonios de noticias recogidas en medios y redes, dando fe del buen hacer de determinadas marcas, compitiendo en mercados diversos y referenciando sus virtudes.
- La significativa presencia de jóvenes que asisten a charlas, conferencias. catas o foros demostrando interés por los nuevos vinos, sus gustos y hábitos.
Son actuaciones ejecutadas en un nuevo tejido social pequeño y comercialmente poco significativo, pero son pasos valientes, cortos, seguros y válidos para una situación rural que necesita algo más que los retoques de la PAC y sus estrategias de acompañamiento, sin olvidarnos de que el vino es algo más que un simple bien de consumo.
Pero, para una vitivinicultura rentable, respetada y revalorizada que deje atrás la desesperada situación que nos ha dejado tres años malos y la DANA final, debemos recuperar la ilusión, un mucho de autoestima y un fuerte posicionamiento ante las nuevas tecnologías, el cambio climático o las influencias de las nuevas geopolíticas que pueden mover el mundo y es preciso enfrentarnos, serenamente, ante las soluciones de temas que parecen ser “tabú”, en cualquier debate constructivo, para disponer de:
- Una producción vitícola que le sea rentable al productor y que no es una quimera, pues en los últimos años los fondos de inversión y grandes inversores han fijado su atención en el campo español al ver el alto potencial de nuestros cultivos.
- Una cadena alimentaria modificada y concreta que atienda al sector y a todos sus eslabones con equidad, dado que en la actualidad no se dispone como se precisa.
- Una PAC que defienda al sector en la sociedad de la agroalimentación, frente los envites de la sociedad, en la globalización de los mercados.
- Revindicar y defender el sector, evitando considerarlo como moneda de cambio, frente a concesiones espurias de los mercados internacionales.
Nadie puede vencer a quien nunca se rinde.








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