Huetz de Lemps, de Alain a 'papou'
Alain Huetz de Lemps falleció el 13 de octubre en Burdeos a los 98 años. Autor de ‘Viñedos y vinos del noroeste de España’, fue el gran geógrafo e historiador que más conocimiento aportó a la cultura del vino y la viticultura española.
Si no te has cruzado con su nombre en ninguna de tus lecturas, si nadie te ha hablado de él y no te suena de nada, vas a conocer a una persona ineludible para la cultura del vino y viticultura española. Y si ya sabes quién es Huetz de Lemps e incluso lo has leído o te han hablado de este investigador francés, quizá descubras nuevos detalles de su obra, vida y personalidad.
Esta no es una historia sobre sus investigaciones ni sobre su interesantísima carrera profesional. Por suerte, ahora en los buscadores podrás encontrar más información sobre él que hace unos años. Este es un breve relato personal sobre vivencias compartidas.
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¡Huetz de Lemps existe!
De verdad, llegué a pensar que era un ser mitológico que rondaba por el imaginario de las escasísimas personas que decían conocer una completísima obra escrita por un francés dedicada no sólo a la historia de la viticultura y del vino del noroeste español, sino al comercio, variedades, arquitectura, tradiciones…
En el mundo del vino, España también tuvo su gran viajero e investigador del siglo XX. Estirpes extintas como la fotógrafa Ruth Matilde Anderson o el etnomusicólogo Alain Lomax. A pesar del honoris causa de la Universidad de Valladolid en 1999 y pinceladas de gratitud de algunos profesionales, su reconocimiento no ha sido, ni de lejos, comparable a su profundo e inédito valor para conocer nuestra propia historia. Alain, persona generosa, humilde y agradecida, no aludía a este tema. “Un francés que estudió España en una época complicada”, decía.
Alain era un enamorado de España. La recorrió durante 12 años para elaborar su tesis doctoral ‘Vignobles et vins du nord-ouest de l’Espagne’ que publicaría en 1967 y durante toda su vida. Décadas oscuras donde España “era de color sepia, de flan y melocotón en almíbar”, comentaba refiriéndose a las muchas tabernas y casas de comidas que recorrió.
Cuando empecé a interesarme por él, en España era casi imposible encontrar su obra. Muy poca gente lo conocía, pero, en cambio, su nombre estaba escrito en muchísimos pies de página de tesis, obras de historiadores, geógrafos… Muchos años más tarde descubrí que las fotocopias de su libro en francés editado por él mismo en una pequeña imprenta bordelesa, en Francia era obligatorio presentar al jurado las tesis editadas, circulaban de mano en mano por las facultades de geografía e historia de media España. Una obra en dos tomos con miles de notas a pie de página, fotos, esquemas y mapas diseñados por él mismo. Una obra maestra y visionaria.
Acudir a la Biblioteca Nacional para ojearlo o ir a Burdeos para intentar encontrarlo era otra opción. También ponerte una alarma en ‘Todocolección’ para ver si alguien vendía un ejemplar. Muy cotizados, por cierto. Lo que quizá no se sepa es que los pocos libros que circularon por España los traía Alain en su maleta para intentar colocarlos en librerías especializadas. Además, viajaba siempre con una copia de la tesis que poco a poco estaba escribiendo, otra copia la dejaba en su casa de Burdeos por si acaso se perdía.
Cuento esto porque durante muchísimos años estuve obsesionada con su libro y su nombre tan sonoro. Alain transitaba mi imaginario y nos cruzábamos. En la bodega Torremilanos de Aranda de Duero, mi amigo Ricardo Peñalba me enseñó su firma en una de sus barricas. Esa es otra historia bien bonita.
En el año 2005 salió una edición parcial en español (solo se tradujo la parte relativa a Castilla y León) y mucho más tarde otra en gallego de la parte de Galicia. No es difícil adivinar quién financiaba esos libros. Los leí y los subrayé. Sí, soy de esas.
Seguía encontrándome con su nombre en muchas partes, algún texto suyo traducido, algunas escuetas referencias en Internet, pero poco más. La idea de que algún día pudiera sumergirme en su lectura completa lo tomé como un reto personal. Hasta que llegó el año 2020.
En aquel momento estábamos creando la editorial Cultural Líquida como parte de la fundación y salió su nombre como la opción para el primer libro. Escribo en plural porque esta historia que quiero contar es compartida con mi compañera de trabajo y gran amiga Esther Portabella.
La vida me había regalado un momento extraordinario, excitante, inimaginable. Y ahí surgió la primera pregunta esencial ¿seguirá vivo Alain? Siguiendo una pista logramos contactar con su hijo Xavier: “está vivo y os pondré en contacto con él”.
Él se llamaba Nicole Méndez
Nuestra segunda conexión no fue Alain sino su esposa Nicole Méndez. Ella es una figura clave en este relato. La argamasa que aglutina recuerdos, memoria, personas y vivencias. El vínculo emocional con el profesor, investigador y marido. Ella nos abriría las puertas de su casa como después nos abrió su corazón. De origen español, se convirtió en el eslabón esencial para conocer la otra cara de Huetz de Lemps, la más personal e íntima. Mucho tiempo después, Nicole nos diría que pensó “quiénes son estas locas que quieren conocernos”. Y no le faltaba razón.
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Año 2020. Pandemia. Resumen de nuestra primera conversación.
- Nos encantaría publicar la tesis de Alain completa al español.
- Pero, ¿quiénes sois?, envíame referencias, ¿qué habéis publicado?
- Nada. Sería nuestro primer libro.
- Ya lo hablaré con Alain. Envíame algo y llámame más adelante.
Aún nos reímos recordándolo.
Pensamos que lo mejor sería pedir un salvoconducto para viajar y hacerles una visita.
Cours de la Marne, Burdeos, allí vivían. Nos recibieron en el salón contiguo al despacho donde Alain trabajó hasta jubilarse. En realidad, nunca dejó de hacerlo. Siempre incansable, gran lector. Sólo pensaba en que nos invitaran a entrar en el despacho para conocer su rincón favorito de la casa y donde escribió la tesis. No ocurrió, pero nos fuimos con su consentimiento formal para iniciar la edición. Alain tenía 94 años y Nicole 85.
Se conocieron el verano de 1950 en Les Sables-d’Olonne, un bonito pueblo costero donde sus respectivas familias veraneaban. Ella tenía 15 años y el 24. Fue un flechazo, “el misterio de amor”, decía Alain. Nicole, que se consideraba “un poco feúcha”, nunca pensó que el apuesto Alain, rubio, ojos azules y casi 1,80 de alto se fijara en ella. Admiración mutua. Se casaron en Madrid siete años después.
Ella acompañó a Alain en sus viajes de trabajo recorriendo en coche y con su cámara de diapositivas en color infinidad de aldeas y lugares recónditos del noroeste. De padre español y madre francesa, le ayudaba a comunicarse con la gente, pero a muchas cosas más: escribía algunas de sus fichas, ayudaba con los archivos históricos, la organización del viaje y pasaba a máquina sus escritos. “Me gustaba mucho su trabajo e intentaba ayudarle en todo lo que podía”. Alain repetía constantemente que “sin ella no hubiese sido posible, su ayuda fue imprescindible”. Les unía su pasión por los viajes y juntos recorrieron medio mundo. En su despacho acumulaba decenas de álbumes de viajes, libros antiguos heredados de su padre, también geógrafo, papeles sobre la mesa y muchísimos recuerdos de países de todo el mundo. El coleccionismo era una de sus grandes aficiones. ¡Y de etiquetas de vinos también!
Su único hermano vivo es Henry. De Alain nos contó que era bueno en todos los deportes, brillante en sus estudios y muy modesto. Nos dijo que recordaba el día que presentó la tesis para la cátedra de geografía por la Universidad de Burdeos. Llegó abatido a casa porque no se quedó satisfecho de su trabajo. Fue la primera nota, cum laude.
Celebrando sus 95 años
El 26 de junio estábamos en su casa. No sabíamos que era su cumpleaños. Fuimos a comprar una tarta, cogimos una botella de vino y lo celebramos. A Alain le encantaba el vino español, recordaba con detalle sus visitas a bodegueros, los congresos a los que le invitaron y las amistades que mantenía. Siempre amable, recordaba la ayuda que tuvo de otros colegas profesionales y las trabas, a veces, para recopilar e indagar en los archivos españoles. En su tesis enumera todos los lugares donde acudió a investigar que bien podría ser un libro en sí mismo y digno de estudio.
Ese día le enseñamos la foto de sus tres fichas personales que encontramos en el Archivo Histórico Nacional, la Real Chancillería de Valladolid y el Archivo del Reino de Galicia donde aún conservaban su registro. Mejor dicho, donde muy generosamente los estuvieron buscando sus archiveros.
Pasamos momentos inolvidables con ellos en Burdeos, pero el más emocionante tuvo lugar una mañana. Llevaba días preguntado a Alain y Nicole por su método de trabajo, el diseño de los mapas…e intentando saber si tenían material original de la época. No me hacían demasiado caso hasta que un día Nicole me entregó una llave y me dijo “vete al desván a ver qué encuentras”. Os podéis imaginar el subidón del momento. Allí me pasé horas revolviendo por las estanterías cantidad de cajas hasta que encontré una, ¡por fin! En ella guardaba decenas de pequeñas fichas escritas a mano, anotaciones en papeles reciclados de todo tipo, papel cebolla de sus mapas, pequeñas carpetas organizadas por regiones…Un tesoro maravilloso.
De Alain a papou
Alain tuvo 3 hijos, 13 nietos y 8 biznietos. Para todos ellos era papou, así le llamaban cariñosamente. Algunos de ellos continúan la saga familiar y estudian geografía e historia. Su hijo mayor Xavier, al igual que su padre, ha estado durante años vinculado a la Casa Velázquez de Madrid. El recuerdo del padre encerrado en su despacho investigando es el que más perdura en sus recuerdos, ellos eran conscientes que su trabajo estaba íntimamente ligado a su vida y que su obra era importante y reconocida.
Compartimos vida familiar en su casa de Les Sables y mantuvimos charlas con algunos de sus nietos. Reconocían que han ido sabiendo sobre la reputación de su abuelo a través de los demás, de sus homenajes, de las referencias encontradas, pero que para ellos papou era papou. Días de Alain disfrutando de sus biznietos, haciéndoles carantoñas y los cinco lobitos. Y ellos de él.
En diciembre de 2021 Huetz de Lemps viajó por última vez a España. Presentábamos su libro en el Ateneo de Madrid y deseábamos que se convirtiese en un gran homenaje. Su salud comenzaba a deteriorarse, pero finalmente quiso acudir. Su nieto Hugue acompañó a Nicole y Alain a Madrid. Estuvo rodeado de amigos y muchos profesionales que quisieron acudir a la cita. Del Ateneo guardaba muy buenos recuerdos porque en su biblioteca pasó horas investigando. A la mañana siguiente estuvimos con él. Ya tenía su merecidísimo libro completo en español. Aunque ya conocía parte de la edición, no había visto el libro acabado. Le pregunté qué le parecía. Con su mirada paciente y sosegada me miró y respondió: “de esta edición me gusta hasta el papel”. Sin palabras.
La despedida
Recibimos la noticia de su fallecimiento un lunes. Tres días después se celebraría su funeral en la Abadía Sainte Croix de Burdeos. Queríamos despedirnos de él, así que no dudamos en viajar hasta allí para acompañar a la familia.
“Aún no sé qué veía en mí. Era un hombre extraordinario, inteligente, talentoso y muy guapo. No me lo puedo quitar de la cabeza”, nos dijo Nicole, “se fue feliz y lúcido”. Para ellos, haber vuelto a España y ver su obra traducida “fue un momento de mucha felicidad para Alain”, comentaba Nicole. En su despedida, la familia decidió que se brindaría con vino español.
Fue un viaje emotivo y simbólico. Esther y yo comenzamos en Fundación Cultura Líquida trabajando en la edición de su obra y acabamos despidiéndonos de él en Burdeos. Ahora ya no trabajamos en la fundación, pero su legado perdurará. Personalmente, ha sido uno de los proyectos más emocionantes de mi vida.
Alain Huetz de Lemps es una figura esencial por su mirada erudita y científica, inteligente y visionaria, histórica y social. Su obra de referencia ‘Viñedos y vinos del noroeste de España’ es una lectura imprescindible. Una obra moderna y profunda escrita hace más de medio siglo.
¡Gracias por tanto!








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