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Vendimia en fincas de Javi Revert. Vendimia en fincas de Javi Revert.
COIAL
Jueves, 24 de Octubre de 2024 Tiempo de lectura:
Vendimias en España 2024

Los ingenieros agrónomos viticultores analizan la campaña de 2024 en el sudeste español

Como ya es tradición desde hace unos años, vamos a hacer un recorrido por diversas zonas de producción en la Comunitat Valenciana, Illes balears, Murcia y Albacete, de la mano del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Levante. Algunos de sus colegiados combinan sus conocimientos profundos sobre la vitivinicultura con su pasión por el vino. El resultado, además de unos vinos con personalidad propia, es un análisis fundamentado de lo que ocurre durante todo un año en el universo en el que se mezclan la meteorología, el suelo, las distintas variedades de uva, el trato a la viña y la toma de decisiones que hace la diferencia entre unos vinos y otros. Su experiencia, su capacidad de adaptación y su profunda conexión con la tierra les ha permitido sortear las dificultades, aunque no sin importantes sacrificios.

 

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Fechas y duración de la vendimia: una carrera contra el reloj

Este año, las fechas de la vendimia se adelantaron de manera generalizada en toda la región. Las altas temperaturas y la falta de lluvias durante el verano obligaron a muchos viticultores a comenzar la recolección hasta diez días antes de lo habitual. Pero como todo en la viticultura, cada decisión se toma con un análisis profundo y una estrategia detrás.

 

Juan Llobell, ingeniero agrónomo y director de la bodega Filoxera & Cía, no olvida cómo este año cambió sus planes: “Empezamos el 8 de agosto, casi diez días antes de lo normal. Sabíamos que no podíamos esperar mucho más porque el calor estaba deshidratando las uvas. Aun así, algunas bodegas empezaron incluso el 1 de agosto, lo que es un reflejo de la diversidad en las decisiones que tomamos según nuestro producto y cliente”. La presión era alta, porque los viñedos no mostraban los signos habituales de maduración. Era una carrera contra el reloj.

 

Otros ingenieros agrónomos, como Rafa Cambra, de Bodegas Rafa Cambra, optaron por una estrategia más pausada: “Este año ha sido un poquito más como los de antes. Empezamos a finales de agosto y acabamos el 5 de octubre. Lo hicimos despacio, casi sin parar, porque queríamos asegurarnos de que cada variedad de uva tuviera su momento óptimo. Esto es clave, ya que nuestra vendimia es completamente manual”. Cada jornada de trabajo en los viñedos fue intensa, pero también hubo momentos para observar, para escuchar lo que la uva necesitaba y para ajustar los tiempos.

 

El contraste con las decisiones de otros refleja la complejidad de la viticultura en esta región, donde cada viñedo y cada parcela tienen sus particularidades. José Luis Salón, que dirige Bodegas Pasiego en Utiel-Requena, destaca otro ritmo, uno que depende del mercado del cava: “Este año, para el cava, empezamos en septiembre. Se ha autorizado un incremento de rendimiento porque falta vino base, y eso nos obligó a adelantar la vendimia en algunas zonas”. En cambio, César Palomino, director técnico de Bodegas Torralbenc, en Menorca, tuvo que ajustar sus planes por las lluvias: “Terminamos en septiembre con los tintos, pero la naturaleza nos obligó a cambiar un poco el calendario. Las lluvias complicaron la planificación”. Adaptarse a los caprichos del clima es parte del oficio, y este año los viticultores han tenido que hacerlo más que nunca.

 

La escasa cantidad de lluvia marcó la vendimia en Mallorca: “La vendimia de este año se adelantó debido a la sequía. Comenzamos el 10 de agosto y tuvimos que recoger las uvas mucho antes de lo esperado, ya que las plantas maduraron muy rápido con tan poca agua”, recuerda Bernat Bauzá, de la bodega Dalt Turó.

 

Calidad y sanidad de la uva: entre la esperanza y la sorpresa

A pesar de las adversidades, la calidad de la uva ha sido una agradable sorpresa para muchos. Los ingenieros agrónomos han demostrado su capacidad para sacar lo mejor de sus viñedos, incluso en condiciones extremas. La sequía, aunque ha afectado a la cantidad, ha permitido que la sanidad de la uva sea excelente, con pocos problemas de enfermedades fúngicas.

 

Javier Revert, director de su propia bodega, destaca cómo la sequía ha afectado la acidez de las uvas: “Este año las uvas han quemado mucho ácido málico debido al estrés hídrico, y los niveles de acidez han sido más bajos de lo habitual. Pero, en términos generales, la calidad ha sido buena, hemos sabido gestionar la maduración”.

 

Rafa Cambra, con una mirada optimista, habla de una sanidad “perfecta este año. Pensábamos que sería un año malísimo, pero la lluvia de agosto nos salvó. Contra todo pronóstico, las viñas que habían brotado han madurado bien. Con las que no consiguieron brotar ya no había nada que hacer”. Sin embargo, no todos han tenido la misma suerte. Ana Calvet, de Baronía de Turís, señala que, aunque la Moscatel ha resistido bien, otras variedades, como la Malvasía, se han visto muy afectadas: “Las condiciones en secano han sido terribles. Las cepas más antiguas, que son las que dependen exclusivamente de las lluvias, han sufrido mucho”.

 

Lo que destaca en este contexto es la resiliencia de los profesionales que, año tras año, se enfrentan a un panorama cambiante. Como explica Pablo Calatayud, de Celler del Roure en Moixent: “Un aspecto positivo es que no hemos tenido demasiadas olas de calor. El verano ha sido relativamente fresco. Vemos que las variedades autóctonas (Monastrell, Mandó, Arcos o Forcallá) soportan mejor la sequía que las foráneas. Las plantas (no muy cargadas de uva) han madurado bien en nuestros suelos mayoritariamente arenosos y tenemos vinos cargados de sabor, fruta, estructura y energía”.

 

La climatología se convirtió en una poderosa aliada del Pago Finca Élez en el tramo final de la campaña: “Ha sido importante para conseguir una plena maduración la bajada de temperaturas en el mes de septiembre y la entrada de una borrasca a mediados de ese mes, que consiguió que la maduración fuese lenta y así poder fijar mejor los aromas, manteniendo las uvas frescas sin deshidrataciones. Frenó el ritmo de las plantas en producción de azúcares y así se mantuvo mejor la acidez, se consiguió una madurez más equilibrada de la piel y fijación de aromas”, se felicita Olallo Villoldo.

 

Desde Mallorca, Toni Sans, de Karretània, también incide en las particularidades de este año: “Este año fue un poco raro; empezamos pronto y rápido, porque las variedades tempranas sobremaduraban, pero luego decidimos parar para que las plantas se equilibraran. Finalmente, logramos una calidad muy buena sin enfermedades fúngicas”.

 

Cantidad de uva recogida: una cosecha muy desigual

La cantidad de uva recogida ha sido, sin lugar a dudas, la gran víctima de este año de sequía. Ingenieros agrónomos como Juan Llobell calculan que la merma ha sido de entre un 30% y un 40%, mientras que Ana Calvet en Turís reporta pérdidas del 50% en terrenos de secano: “Las mermas han sido especialmente duras en las variedades que dependen completamente de la lluvia. Estamos hablando de una reducción drástica, algo que no veíamos en mucho tiempo”.

 

En el caso de Revert, la estrategia fue diferente: “Decidí reducir la producción en un 50% para asegurar que las plantas pudieran madurar bien la fruta restante. Era un sacrificio necesario”. En Menorca, César Palomino también comenta una reducción de la cantidad, aunque no fue tan dramática: “Hemos tenido menos uva, pero nada catastrófico. Hemos sabido gestionar la cosecha y la calidad es buena”.

 

Pero no todo ha sido negativo. En Utiel-Requena, José Luis Salón indica que, aunque la Bobal ha sufrido, otras variedades han resistido mejor, lo que permitió mantener una cosecha estable. De hecho, en algunas parcelas incluso se ha producido más uva que en años anteriores gracias a las lluvias de final de temporada.

 

En Yecla, Pablo Cortés, de la bodega Vinos de Muerte, describe cómo las lluvias de septiembre salvaron su cosecha: “A finales de agosto parecía que íbamos a tener la vendimia más corta de nuestra historia, pero las lluvias de septiembre nos dieron un respiro. Nos permitieron una maduración adecuada de las variedades tintas, algo que fue fundamental para nosotros”. La naturaleza, impredecible como siempre, dio un respiro justo a tiempo.

 

La estabilidad en la cantidad ha marcado la campaña en Pago Finca Élez: “En términos de cantidad, la Viognier y la Syrah se vieron beneficiadas por la caída de temperaturas y la lluvia. Aunque la Chardonnay fue un poco más baja en producción, el resto de variedades mantuvieron niveles estables”, afirma Olallo Villoldo.

 

En Mallorca, Bernat Bauzà señala que la lluvia apenas apareció en toda la campaña: “Este año ha sido extremadamente seco en nuestra zona. Apenas hemos recogido un 20% menos de uva, pero la calidad ha sido excepcional gracias a que nuestras variedades autóctonas resistieron bien”. Toni Sans confirma lo que afirma Bernat, pero con matices: “Al final, no ha llovido prácticamente nada por aquí, y las plantas sin riego lo han pasado fatal. Sin embargo, donde llovió demasiado, costó entrar a vendimiar por la humedad acumulada, pero afortunadamente no tuvimos problemas de botrytis”.

 

Circunstancias del mercado: la ley de la oferta y la demanda

El mercado de la uva ha estado marcado por la escasez, lo que ha elevado los precios en algunas variedades. Ana Calvet observa cómo el precio del vino blanco ha subido desde la campaña pasada y se ha mantenido, aunque también apunta que las bodegas están más reacias a comprar debido a la falta de rentabilidad: “Las bodegas embotelladoras están siendo más cautelosas. Si compras caro y luego no puedes vender a un precio acorde, pierdes mucho. Es un año complicado para todos”.

 

Juan Llobell, por su parte, ha apostado por la calidad por encima del precio: “Nosotros siempre pagamos un poco más por la uva porque queremos seleccionar lo mejor. Es una apuesta a largo plazo, pero garantiza que tengamos la calidad que buscamos”. Esta decisión, lejos de ser solo un tema económico, refleja la filosofía de muchos de estos ingenieros agrónomos enamorados de la viticultura: hacer vinos que cuenten una historia, que hablen de la tierra y del esfuerzo que se ha puesto en cada botella.

 

En otros casos, como en el de José Luis Salón, la demanda ha sido tan alta que no ha tenido problemas para vender. “Este año, la demanda de vinos blancos ha sido tan fuerte que no hemos tenido dificultades para colocar nuestra producción. El problema, en todo caso, ha sido tener suficiente vino base para cava, lo que ha puesto más presión sobre nosotros”.

 

El mosquito verde: una plaga que no da tregua

El mosquito verde ha sido otro de los grandes problemas que han enfrentado los viticultores este año. Esta plaga, que se ha visto favorecida por las condiciones climáticas cálidas, ha afectado a muchas viñas en la región. Ingenieros agrónomos como Javier Revert y Ana Calvet han señalado el impacto de esta plaga, que está aumentando debido al cambio climático.

 

“Aunque en mi caso no me ha afectado tanto, en el valle hay viñas devastadas por el mosquito verde”, explica Javier Revert, con la preocupación de saber que esto no es algo puntual. Rafa Cambra, que ha trabajado en soluciones ecológicas para combatir esta plaga, comenta: “Hemos hecho avances importantes en la lucha ecológica contra el mosquito verde, y aunque aún queda mucho por hacer, estamos viendo resultados alentadores en algunas parcelas”.

 

El mosquito verde ha llegado para quedarse, y los ingenieros agrónomos lo saben. “El mosquito verde nos ha dejado claro que quiere instalarse en la comarca. No queda otra que aprender a ponérselo difícil haciendo conteos frecuentes para optimizar los tratamientos y usar con criterio las pocas armas que tenemos los que estamos comprometidos con el cultivo ecológico”, explica Pablo Calatayud.

 

Climatología: el impacto de la sequía y las lluvias tardías

El año 2024 será recordado por la extrema sequía que golpeó las zonas vitivinícolas del sudeste español por segundo año consecutivo, aunque algunos elevan la cuenta hasta tres. “Nunca habíamos vivido algo así”, comenta Javier Revert. “He hablado con personas mayores del pueblo y nadie recuerda una sequía de esta magnitud”. Las lluvias de junio fueron un alivio que ayudó a revertir la situación.

 

La situación más cruda desde el punto de vista climatológico se ha dado en Alicante. Nos la cuenta Bernardo Sirvent, ingeniero agrónomo en Bocopa: “En la mayoría de sitios se han recogido entre 150 y 180 litros en todo el año agrícola. Este ha sido uno de los años más secos de la historia. En secano hemos tenido una merma de producción en torno al 75% en la zona del Vinalopó, en las variedades Monastrell y Merseguera. Y en la zona de la Marina Alta, donde cultivamos el moscatel de secano, la merma ha sido entre el 90 y el 100%, con muchas parcelas que no se han vendimiado. Una campaña muy complicada, que puede convertirse en dramática la próxima primavera si no llueve pronto”.

 

Las condiciones adversas obligan a los viticultores a extremar los cuidados. Según explica Pablo Calatayud, “años muy secos como este 2024 nos obligan a ser muy finos con el manejo del viñedo, más pases de arado, mejor control de la carga. Llama la atención lo bien que se comportan los suelos arenosos. Los suelos con mucha arcilla bloquean el agua y les cuesta mucho ponerla a disposición de las raíces”.

 

Rafa Cambra llama la atención sobre el peligro que representan dos años consecutivos de sequía: “Si esta situación se prolonga, muchos agricultores abandonarán las tierras. Las plantas están muriendo y el rendimiento es tan bajo que no justifica el esfuerzo”.

 

En Menorca, César Palomino destaca cómo las lluvias de septiembre marcaron el final de la vendimia: “Las lluvias de mitad de septiembre complicaron el trabajo, pero afortunadamente, no afectaron demasiado a la calidad de la uva”.

 

En Yecla, Pablo Cortés destaca cómo el verano fue extremadamente seco, algo que complicó la primera parte de la vendimia: “Comenzamos el 1 de agosto, mucho antes de lo normal, porque el calor estaba deshidratando las uvas. No fue hasta septiembre que las lluvias nos dieron una tregua y pudimos completar la vendimia de las tintas en buenas condiciones”.

 

Desde Albacete, Olallo Villoldo se ufana del cambio que llegó al final del verano. “La bajada de temperaturas en septiembre fue clave. Nos permitió conseguir una maduración lenta y equilibrada en las tintas, con una buena fijación de aromas y sin deshidrataciones graves”.

 

Efecto de la sequía prolongada en las plantas: una batalla constante

La sequía ha tenido un efecto devastador en las plantas, y muchos ingenieros agrónomos temen que, si la situación se prolonga, el impacto será irreversible. Javier Revert subraya que las viñas en suelos arcillosos han sufrido mucho más que las de suelos arenosos: “Las arcillas retienen el agua, pero no la ponen a disposición de las raíces. Las viñas en suelos más ligeros, con variedades autóctonas, han resistido mejor”.

 

En Utiel-Requena, José Luis Salón comenta con preocupación cómo algunas viñas viejas, con más de 60 o 70 años, no han podido sobrevivir: “Es triste ver cómo incluso las plantas más fuertes, las que deberían resistir, están sucumbiendo a esta sequía”. Este testimonio refleja la gravedad de la situación, no solo en términos de producción, sino también de patrimonio vitivinícola.

 

Ana Calvet alerta sobre el riesgo de un abandono masivo de tierras si la situación no mejora: “Después de dos años de sequía, muchos agricultores están al límite. Si no hay un cambio climático que nos dé tregua, veremos cómo se abandona gran parte del viñedo en las zonas más afectadas”.

 

Rafa Cambra concluye con una reflexión que resuena entre sus colegas: “La tierra nos habla, y este año nos ha dicho que tenemos que adaptarnos o sufrir las consecuencias. No podemos luchar contra la naturaleza, solo aprender a convivir con ella”.

 

 

 

 

Pertenece a la edición 3673_Vendimias

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